El bienestar financiero está entrando en una nueva etapa dentro de las políticas corporativas de bienestar. Durante años, la conversación ha estado muy vinculada a la retribución flexible, la optimización fiscal y los beneficios de uso inmediato. Esa dimensión sigue siendo importante, pero ya no agota el debate.
La inflación, el encarecimiento de la vivienda, la subida de los tipos de interés, la incertidumbre sobre las pensiones y la necesidad de construir patrimonio han ampliado la mirada. Cada vez más personas buscan seguridad a largo plazo. Y cada vez más empresas empiezan a entender que acompañar esa planificación también forma parte del cuidado.
En esta entrevista de Mi Empresa es Saludable, Miguel Barrionuevo conversa con María José Parra, especialista en bienestar financiero corporativo en MAPFRE, sobre cómo están evolucionando las políticas de bienestar financiero y qué papel pueden jugar las organizaciones en la construcción de estabilidad económica para sus equipos.
Para Parra, el punto de partida es claro: “No podemos entender seguridad ni bienestar sin una estabilidad económica”. Una frase que resume bien el cambio de fondo: hablar de bienestar financiero ya no es solo hablar de salario, sino de tranquilidad, previsión, educación financiera y capacidad para tomar mejores decisiones.
De la retribución flexible a la construcción de patrimonio
Los beneficios fiscales siguen ocupando un lugar relevante. Seguro de salud, guardería, formación, ticket restaurante o soluciones de ahorro continúan siendo herramientas útiles dentro de la propuesta de valor al empleado. Pero el bienestar financiero empieza a avanzar hacia una visión más estratégica.
Como explica Parra, las empresas ya pueden ofrecer soluciones que van más allá del ahorro inmediato: “No solo ahorrar, sino empezar a invertir, a mover nuestro dinero”.
En ese nuevo escenario aparecen vehículos como los planes de pensiones de empleo, los seguros de ahorro, los planes de inversión o el plan de acciones, entre otras opciones. Herramientas que permiten a las personas trabajadoras empezar a planificar su futuro con una lógica de largo plazo.
La clave está en entender que no todas las personas necesitan lo mismo. “No son las mismas las necesidades o los objetivos que pueda tener un empleado que está en las puertas de su jubilación que las necesidades que tiene el talento junior”, recuerda Parra.
Por eso, la personalización se convierte en una condición imprescindible. Edad, momento vital, aversión al riesgo, horizonte temporal y objetivos personales deben formar parte del diseño de cualquier estrategia de bienestar financiero.
Asesoramiento, confianza y acompañamiento
Uno de los grandes retos está en hacer que estos beneficios sean comprensibles, accesibles y útiles. La planificación financiera puede resultar compleja si no existe un acompañamiento adecuado. Y ahí la organización puede jugar un papel muy importante.
En el caso de MAPFRE, Parra explica que la compañía ofrece a sus empleados una gama amplia de beneficios financieros y, además, acompaña a otras empresas desde el área de previsión social empresarial para ayudarles a implementar este tipo de soluciones en sus propios programas de bienestar.
Ese asesoramiento permite diseñar estrategias adaptadas tanto a las necesidades de la plantilla como a los objetivos de negocio. Porque el bienestar financiero también puede convertirse en una herramienta de fidelización, compromiso y employer branding.
“Si una empresa ofrece una buena cultura, una remuneración competitiva y además ofrece facilidades y ventajas a sus trabajadores para que construyan y planifiquen su futuro financiero, los lazos que unen al colaborador con su empresa van a ser mucho más fuertes”, señala Parra.
Cómo pueden empezar las organizaciones
Para las empresas que ya cuentan con un paquete clásico de retribución flexible y quieren avanzar hacia una estrategia más sólida de bienestar financiero, María José Parra plantea dos ideas sencillas: escuchar y comunicar.
Escuchar a la plantilla para entender qué necesita realmente. Y apoyarse en un buen partner que ayude a diseñar las soluciones más adecuadas.
“Lo primero que tiene que hacer es escucharles a ellos y escuchar a un buen partner”, afirma. A partir de ahí, la organización puede valorar qué beneficios financieros encajan mejor con sus equipos y con su estrategia.
Pero diseñar buenos beneficios no basta. Hay que explicarlos bien. “No sirve de nada que el departamento de recursos humanos haga este trabajo si luego los empleados no se benefician de ellos, bien por desconocimiento, bien por falta de confianza”, advierte Parra.
Por eso, la comunicación interna es una pieza fundamental. Los empleados deben entender qué opciones tienen, cómo funcionan, qué ventajas aportan y por qué la empresa está impulsando esas medidas.
La entrevista deja una idea clara: el bienestar financiero ya no puede limitarse al corto plazo. Las organizaciones tienen la oportunidad de ayudar a sus equipos a construir seguridad, patrimonio y confianza en el futuro.
Y esa estabilidad, como recuerda María José Parra, también es bienestar.
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