Desde que se colase en la lista de palabras del año de la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), en 2020, el término resiliencia es omnipresente. Y es que, su definición: Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, se ha hecho extensible también a las organizaciones.
En una década donde la incertidumbre planea de manera constante, la capacidad de resiliencia se ha convertido en una habilidad imprescindible para empleados y líderes. También en un pilar sobre el que construir la cultura de la organización.
¿En qué consiste la teoría de la resiliencia organizacional?
La teoría de la resiliencia organizacional trata de incrementar la capacidad de una empresa para prevenir, prepararse y responder de manera adecuada (y extremadamente rápida) a los desafíos presentes y futuros. Una teoría que se basa en la predisposición al cambio y en el deseo de transformación con el fin de afrontar los retos de manera adecuada.
Así pues, la resiliencia organizacional no se limita a capear el temporal, sino a provocar cambios en el corazón de las empresas que logren transformarlas por completo para garantizar su supervivencia en entornos cambiantes.
A nivel práctico, la teoría de la resiliencia organizacional permite a las marcas seguir operando con el mismo nivel de productividad y calidad, incluso de mejorarlo, a pesar del advenimiento de situaciones críticas. También de mantener el grado de bienestar, seguridad y motivación de los y las profesionales a pesar del grado de incertidumbre.
Herramientas clave en la teoría de la resiliencia organizacional
Pero ¿cómo aplicar esa teoría de la resiliencia organizacional con éxito en una empresa? Existen herramientas clave y estrategias asociadas a dicha capacidad. Por ejemplo, aquellas que permiten vislumbrar las tendencias futuras, aumentando así la capacidad de anticipación de las empresas. Pero hay más:
- La correcta planificación de planes de contingencia, sucesión, continuidad, emergencias, etc., ante desastres o hechos inesperados.
- Grandes dosis de flexibilidad en las plantillas de trabajo. También de creatividad e innovación en los perfiles contratados.
- Aplicación de criterios sostenibles a largo plazo y competitivos para garantizar la continuidad de la actividad.
- Diseño de una infraestructura capaz de contener los impactos previstos a través de una red de proveedores dinámica, sistemas robustos, etc.
- Diseño de una cultura organizacional basada en el cambio y la transformación: comunicación abierta y transparente, plan de formación continua, liderazgo, etc.
- Puesta en marcha de un sistema de verificación del nivel de resiliencia alcanzado a través de indicadores clave fruto de encuestas de desempeño, auditorías, etc.
Dicen los expertos que para cultivar la resiliencia y vencer la resistencia al cambio, deben seguirse estos tres pasos:
- Primero: consolidar sus activos vitales: maquinaria, herramientas, instalaciones, etc.
- Después: fijar sus niveles de productividad y competitividad.
- Y tercero, y de manera paralela a los anteriores: desarrollar una cultura de empresa que permee en todas las capas de la organización. Y para esto último, toda empresa debe cultivar un ambiente de trabajo positivo, donde la inteligencia emocional cobre protagonismo y exista un fuerte engagement por parte de la plantilla..






