El deporte en la empresa se ha convertido en una palanca estratégica para preservar la salud mental en el trabajo. Esta perspectiva es bastante novedosa y son muchas las empresas que aún no han explorado esta alternativa. Dada la incidencia de las enfermedades mentales en la población y como causa cada vez mayor de las bajas médicas, las organizaciones deberían comenzar a incorporar seriamente este valor en sus estrategias corporativas.
El deporte como elemento clave para un bienestar integral
Hasta ahora, el deporte se había adoptado en las empresas desde una perspectiva de salud física. Los planes de bienestar y retribución flexible corporativos acudían a los beneficios asociados al deporte a fin de paliar las tasas de IT por problemas musculoesqueléticos o el impacto de las enfermedades crónicas derivadas del sedentarismo. En los últimos años, incluso se había utilizado el deporte como herramienta para mejorar el ambiente de trabajo desde la colaboración y la cooperación. Hoy, la práctica deportiva adquiere un nuevo enfoque.
Ante el aumento de los riesgos psicosociales, el estrés crónico y los trastornos de salud mental han motivado que las direcciones de recursos humanos busquen soluciones capaces de mejorar de forma sostenible el bienestar mental y emocional de los empleados y empleadas. Y entre las respuestas más eficaces se encuentra la actividad física regular. De hecho, el deporte es hoy reconocido como una verdadera herramienta de prevención, rendimiento colectivo y calidad de vida en el trabajo y fuera de este.
Es más, son muchos los expertos y expertas del ámbito sanitario que apuestan cada vez más por recetar deporte en favor de la salud mental, tal y como señala una reciente campaña de la Comunidad de Madrid, o una iniciativa puesta en marcha hace escasas semanas por el Gobierno de Cataluña; incluso en casos de trastorno mental grave, tal y como señala el Consejo General de Psicología de España.
La práctica de deporte: un estado de bienestar colectivo
El deporte favorece un estado de bienestar en el que todo individuo es capaz de afrontar las dificultades de la vida desde un punto físico, psicológico y emocional, desde, trabajar de manera más productiva a resolver conflictos interpersonales cotidianos desde la empatía.
Múltiples investigaciones demuestran que el ejercicio físico actúa directamente sobre nuestros mecanismos biológicos, regulando el estrés y la ansiedad, por ejemplo. Una respuesta fisiológica que mejora el estado de ánimo y promueve una mejor calidad del sueño. Este último, un factor esencial para mantener las capacidades cognitivas y emocionales durante la jornada de trabajo y que adolece buena parte de la población. Según la Sociedad Española de Neurología, el 48 % de la población adulta española no tiene un sueño de calidad.
Así pues, los beneficios del deporte no solo se refieren a la salud individual, sino a la mejora de la salud colectiva y, con esta, la mejorar el clima social.
Por ejemplo, las actividades deportivas colectivas fortalecen, como hemos señalado, las interacciones entre compañeros y compañeras, promueven la cooperación y desarrollan el sentido de pertenencia a la organización.
El deporte en la estrategia de calidad de vida y condiciones de trabajo
Ahora que este tipo de estrategias se sitúan en el epicentro de las políticas de recursos humanos en muchas empresas, la práctica regular de actividad física se torna indispensable en aquellos planes de bienestar que tratan de paliar problemas en aumento como:
- El riesgo de depresión y estrés laboral.
- La ansiedad ligada a los persistentes dolores musculoesqueléticos.
- Las tasas de absentismo.
- La rotación de personal.
La actividad física es una inversión rentable, integrarla en la dinámica diaria de la jornada de trabajo mediante la promoción de una actividad física adecuada genera entornos favorables a la salud mental.
No se trata así de promover el deporte de práctica intensiva, sino de favorecer un enfoque inclusivo, adaptado a las capacidades de cada empleado o empleada, a su disponibilidad y expectativas.
Acciones en favor de un deporte sanador
Las acciones pueden adoptar formas muy diversas, desde los desplazamientos activos y pausas de movilización a las sesiones de estiramiento, los desafíos colectivos o los pases económicos a gimnasios cercanos:
- El deporte no debe considerarse una iniciativa puntual o un simple beneficio social, ha de estar integrado en la estrategia global de prevención de riesgos laborales, promoción de la salud y desarrollo del bienestar de los empleados y empleadas.
- Ofrecer una oferta accesible a todos los trabajadores y trabajadoras aumenta la adhesión a las acciones deportivas y la igualdad de oportunidades al respecto. Para ello, es necesario habilitar una política eficaz de inclusión que tenga en cuenta la edad, la condición física o la profesión ejercida de las personas.
- Formar a los directivos para promover comportamientos favorables a la salud desde el deporte. Los CEO y managers desempeñan un papel fundamental en el éxito de estos programas. Cuando fomentan la práctica de una actividad física, refuerzan la adhesión de los equipos y contribuyen a instalar una cultura organizativa positiva.
- Evaluar regularmente los resultados, como cualquier política de recursos humanos. Los programas de promoción de la actividad física deben dirigirse a partir de indicadores objetivos. Las empresas pueden seguir diferentes criterios, como la tasa de participación, la evolución del absentismo, etc.
- Hacer del deporte un elemento de la marca empleadora, pues las nuevas generaciones conceden cada vez más importancia al bienestar en el trabajo. Las empresas que invierten en salud física y mental refuerzan su atractivo para los candidatos y fidelizan más fácilmente a sus empleados.
Los programas de actividad física demuestran un compromiso real de la organización con el rendimiento sostenible, la responsabilidad social y la calidad de vida en el trabajo.




