La fertilidad entra en la empresa: «Que no nos lo pongan más difícil»

por Candela Méndez del Olmo | Nov 3, 2026

El jueves 15 de octubre, el auditorio de Savia Salud Digital Mapfre, acogió el I Congreso del HUB BienStart. Un laboratorio de ideas impulsado por Mi Empresa es Saludable junto a empresas pioneras de bienestar laboral en España (Cívica, Ferrer, ING, Mahou San Miguel, Navantia, Redexis, Redeia, Santalucía, Healthy Minds, Freedom & Flow, Savia, Refruiting y Wellhub). 

La jornada tuvo como hilo conductor el bienestar aumentado, un concepto que busca ampliar la mirada del bienestar en las organizaciones. Una de las conversaciones, bajo el nombre ‘Los nuevos horizontes del bienestar: la fertilidad’, presentada por Elena Carrascosa, socia de Contenidos de Más Cuota, tuvo como protagonistas Patricia Bartolomé, especialista en fertilidad integrativa, y Olga Carbonell, fundadora y CEO de Smart.

La fertilidad ha comenzado a ocupar un espacio en la conversación sobre bienestar laboral, una frontera que hasta ahora parecía reservada a la intimidad. ¿Hasta qué punto deben implicarse las empresas en una cuestión tan personal? 

Para Bartolomé, la respuesta comienza por dejar de tratar la fertilidad como un asunto excepcional. «Es un momento completamente vital para todas las personas», defendió. Incluso cuando alguien decide no tener hijos, recordó, es una decisión que puede haberse planteado. El problema aparece cuando los deseos personales chocan con los tiempos profesionales.

«Yo no pido que la empresa nos ayude a quedarnos embarazadas, pero que no nos lo ponga más difícil», Patricia Bartolomé, especialista en fertilidad integrativa  

Cuando la carrera profesional y la maternidad coinciden

La especialista puso el foco en una generación que ronda los 30 años y que se enfrenta a una difícil disyuntiva. «Yo es que quiero ser madre, pero ahora no. Yo tengo que trabajar y tengo que avanzar en mi carrera y quiero ser madre, pero ¿cuándo?», relató al recordar conversaciones con jóvenes que acababan de incorporarse al mercado laboral.

«Nuestros mejores años fértiles son nuestros mejores años de producción laboral y esto es un problema», Patricia Bartolomé, especialista en fertilidad integrativa  

A esa tensión se suma el silencio. Bartolomé contó que había pedido testimonios, de manera informal y anónima, a mujeres de su base de datos para conocer qué le dirían a los departamentos de recursos humanos si pudieran hablar abiertamente de sus problemas de fertilidad. Quería visibilizar «lo que realmente está pasando en los baños de vuestras oficinas»: experiencias que, según describió, muchas personas ocultan por miedo a las consecuencias profesionales.

«Siempre mientes», resumió al recordar las preguntas sobre la maternidad que podían aparecer en las entrevistas de trabajo. La dificultad para hablar de estos procesos convierte una situación personal, ya de por sí delicada, en una experiencia que también debe gestionarse en el entorno laboral.

El duelo que no se ve

Bartolomé aprovechó su intervención para hablar de las pérdidas gestacionales, perinatales y neonatales, un duelo que considera insuficientemente reconocido. Relató experiencias personales y subrayó la dificultad de atravesar una pérdida mientras se mantiene la obligación de volver al trabajo.

«Hay muchísimo sufrimiento para los empleados en este tema», señaló. Un estudio de ‘Fertility Matters at Work’, ha calculado en 217 millones de libras el coste para las empresas asociado a los problemas de fertilidad entre los trabajadores analizados. Entre las consecuencias mencionó el absentismo, las bajas y la rotación de personal.

La especialista planteó que medidas como los permisos retribuidos para estos procesos merecen consideración. Pero insistió en que el primer paso no tiene por qué ser una gran reforma: «Creo que lo primero que habría que hacer es tener conciencia».

Su propuesta más visual fue colocar en las empresas mensajes similares a los que se encuentran en las consultas médicas. Imaginó un cartel que dijera: «Si usted está embarazada o cree que puede estarlo, avísenos que podemos ayudarle». El objetivo, explicó, sería transmitir que existe comprensión y que la organización puede acompañar a la persona en una etapa vital importante.

«Visibilicemos ese problema y no pongamos más obstáculos de los que ya tenemos», pidió. Para ella, reconocer esta realidad puede mejorar tanto la confianza como la relación entre las personas y sus empresas.

La microbiota como herramienta preventiva

Desde otra perspectiva, Olga Carbonell vinculó la salud reproductiva con el equilibrio de la microbiota. Su trabajo consiste en facilitar que los profesionales sanitarios interpreten información compleja sobre los microorganismos intestinales y vaginales y la traduzcan en recomendaciones personalizadas.

Carbonell explicó que la microbiota intestinal interviene en distintos procesos, entre ellos los relacionados con los estrógenos y los ciclos hormonales. También describió las particularidades del ecosistema vaginal y la importancia que, según expuso, tiene su equilibrio.

La conexión con el estrés fue uno de los ejes de su intervención. «El estrés es un factor clave», afirmó al hablar de los desequilibrios de la microbiota. Los picos de tensión, añadió, pueden agravar problemas intestinales y vaginales. Y recordó que el vínculo entre el cerebro y el intestino puede hacerse evidente en situaciones cotidianas, como los nervios antes de una presentación.

De ahí que defendiera cuidar la microbiota como parte de una estrategia preventiva: «Si tú cuidas tu microbiota, es una herramienta preventiva para que esos picos de estrés tu cuerpo va a gestionarlos mejor». Eso sí, matizó que este cuidado no sustituye la gestión emocional ni otras medidas relacionadas con el estilo de vida.

Su propuesta para las empresas es incorporar un análisis periódico a los beneficios para empleados. «Igual que el chequeo cardiovascular, un chequeo anual de microbiota», resumió. Según explicó, el servicio permite ofrecer pruebas a escala y entregar a cada persona un informe adaptado a sus resultados.

«Si no sabes de base cómo estás por dentro, es muy difícil actuar», Olga Carbonell, fundadora y CEO de Smart.

Del bienestar a la confianza

Ambas coincidieron en que la salud reproductiva no puede abordarse desde un único factor. Bartolomé defendió una mirada integradora que tenga en cuenta el estrés, la situación laboral, la pareja, la sexualidad, la familia y la relación con el propio cuerpo. «Nunca es un factor físico solo en la fertilidad», advirtió. «No somos un buen aparato reproductor andante».

El cambio cultural que propone no consiste en exigir a las empresas que resuelvan los problemas reproductivos de sus trabajadores, sino en evitar que las condiciones laborales agraven su dificultad. Supone también que las personas puedan hablar de estas experiencias sin sentirse obligadas a ocultarlas.

La especialista cerró con una idea que conecta el bienestar con la gestión cotidiana de las organizaciones: «Las empresas son personas. Todos son personas». Y concluyó que la confianza y la comunicación mejoran las relaciones, también en el trabajo. Porque, antes de diseñar nuevas prestaciones, hay una barrera que derribar: el silencio. 

«Promovamos naturalizar este tema y apoyar y dar luego ya unos pasos concretos para facilitar a lo mejor los días retribuidos para estos temas. Pero empecemos por visibilizar», Patricia Bartolomé, especialista en fertilidad integrativa  

Candela Méndez del Olmo
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