Volver al trabajo con el corazón aún entre las brasas

por Miguel Barrionuevo | Jul 29, 2026

Los grandes incendios que estamos viviendo este mes de julio han obligado a más de 89.000 personas a abandonar sus casas en distintas regiones del país. Solo en Madrid, Ávila y Toledo, Interior ha cifrado en 59.896 las personas evacuadas; a ellas se suman las 16.000 desalojadas por el incendio de Vall d’Uixó, en Castellón. Son cifras que hablan de viviendas amenazadas, noches fuera de casa, carreteras cortadas, familias pendientes de un aviso y personas que, en cuestión de horas, han tenido que salir con lo imprescindible. Una escena que cada verano se repite con mayor intensidad y que deja una pregunta clave para las empresas: ¿cómo se vuelve al trabajo cuando el cuerpo todavía sigue en alerta?

Ese regreso merece una mirada desde la salud laboral. Después de una experiencia de amenaza, el sistema nervioso puede continuar activado aunque el incendio ya esté controlado. La emergencia termina en el parte oficial, pero para muchas personas la normalidad psicológica tarda bastante más en volver.

La mente no vuelve al ritmo del calendario

Tras una situación de riesgo, es habitual que aparezcan síntomas de estrés agudo: cansancio intenso, irritabilidad, problemas de sueño, llanto inesperado, bloqueo o sensación de irrealidad.

También pueden aparecer dificultades de concentración. La persona lee varias veces el mismo correo. Le cuesta seguir una reunión. Olvida tareas simples. Se siente lenta o torpe.

Conviene leer estas señales desde la psicología del trauma. Cuando vivimos una amenaza, el cerebro prioriza la supervivencia. La atención se estrecha, aumenta la vigilancia y la energía se dirige a protegerse, decidir rápido y reducir el peligro.

Esa respuesta es útil durante la emergencia. Después, puede interferir en el trabajo.

La memoria de trabajo, la planificación, la atención sostenida y la toma de decisiones dependen de recursos cognitivos que pueden verse afectados cuando la persona sigue en hiperactivación.

Cuando baja la adrenalina, aparece el impacto

En muchas crisis, las personas funcionan durante los primeros días porque tienen que actuar. Evacuar, llamar, organizar a la familia, buscar alojamiento, revisar daños, hablar con seguros o pedir ayuda.

El impacto emocional puede llegar después en lo que se conoce como estrés postraumático. En psicología se habla de de una activación que puede quedar fuera de la ventana de tolerancia. La persona se mueve entre la hiperalerta —ansiedad, tensión, insomnio, sobresaltos, bloqueo, agotamiento, desconexión, dificultad para pensar con claridad, etc.

En algunos casos, estos síntomas se reducen con descanso, apoyo y sensación de seguridad. En otros, pueden evolucionar hacia respuestas más persistentes: hipervigilancia, culpa, evitación, pesadillas, recuerdos intrusivos o miedo intenso a que vuelva a ocurrir.

La empresa no tiene que diagnosticar. Sí puede observar, adaptar y acompañar.

Una vuelta progresiva protege la salud mental

La reincorporación debería tener margen. Sobre todo cuando la persona ha perdido su vivienda, ha sido evacuada o está gestionando trámites, ayudas, alojamiento temporal o cuidado de familiares.

El trabajo puede aportar estructura. También puede aumentar la carga si exige rendimiento inmediato.

Durante los primeros días conviene revisar prioridades, ajustar plazos y reducir tareas de alta exigencia cognitiva cuando sea posible. También puede ayudar facilitar horarios flexibles, teletrabajo, permisos para gestiones o una menor exposición a reuniones intensas.

La clave está en reducir la carga alostática, ese desgaste que aparece cuando el organismo sostiene durante demasiado tiempo una respuesta de estrés.

Pequeñas adaptaciones pueden prevenir un deterioro mayor.

Liderar después de una emergencia

En estos momentos, el liderazgo se nota en la forma de preguntar.

Funciona mejor un “¿qué necesitas esta semana para poder organizarte?” que un “¿ya estás bien?”. La primera pregunta abre espacio. La segunda empuja a cerrar demasiado pronto una experiencia que quizá sigue abierta.

También conviene evitar frases que minimizan: “lo importante es que estáis bien”, “ahora toca mirar hacia adelante” o “trabajar te vendrá bien”. Pueden nacer de la buena intención, pero dejan poco margen para expresar miedo, culpa o agotamiento.

RRHH, Prevención y los mandos intermedios pueden activar una respuesta sencilla: escucha, flexibilidad, información clara y acceso a apoyo psicológico cuando exista.

Ese acompañamiento se parece mucho a los primeros auxilios psicológicos: ofrecer seguridad, reducir presión, conectar con recursos y ayudar a recuperar sensación de control.

Regenerar la salud, un proceso que tarda en completarse

La salud mental en el trabajo aparece con fuerza cuando la vida golpea a los equipos.

Un incendio rompe rutinas, seguridad y sensación de control. La organización no puede reparar todo lo perdido, pero puede evitar que la vuelta al trabajo añada más presión.

Acompañar emocionalmente significa entender el momento. Ajustar expectativas. Dar tiempo para recuperar foco. Crear condiciones para que la persona vuelva de verdad.

Después del fuego, muchas personas necesitan algo más que reincorporarse. Necesitan sentir que su organización comprende que la normalidad también se reconstruye.

Miguel Barrionuevo
Miguel Barrionuevo

Escribo sobre bienestar, liderazgo, diversidad y hostelería.

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