Llamando a las cosas por su nombre: conceptos clave en salud mental

por Irene Santos | Oct 11, 2026

Que la salud mental haya ganado visibilidad en el plano social y laboral supone, sin duda, un avance importante. Pero también plantea un reto: utilizar los términos precisos para referirnos a estados que, aunque relacionados, no significan lo mismo.

Cada 10 de octubre, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, se presenta una oportunidad para reflexionar sobre cómo las empresas abordan el bienestar psicológico. En este contexto, resulta especialmente importante distinguir entre conceptos que suelen utilizarse indistintamente, pero que describen realidades diferentes. Conocer sus particularidades y emplear un lenguaje adecuado, nos ayuda a comprender mejor la salud mental y a evitar confusiones que pueden influir en la manera de interpretar y afrontar el malestar emocional.

¿Qué relevancia adquiere la salud mental en el entorno laboral? 

La respuesta resulta más que evidente: en la actualidad, ha adquirido un peso cada vez mayor dentro de las organizaciones. Y no es casual. 

La salud mental también se construye -o se deteriora- en el entorno laboral. Cargas excesivas, inseguridad laboral, conflictos o falta de apoyo se convierten en riesgos para el bienestar psicológico. Al mismo tiempo, un trabajo seguro y saludable puede aportar propósito y sensación de logro. Por ello, cada vez más empresas incorporan la salud mental como un eje transversal dentro de sus políticas de bienestar.  Los datos hablan por sí solos. En 2023 se estimó, según datos de la OMS, que el 16% de los adultos en edad de trabajar tenía un trastorno mental.

 Además, la depresión y la ansiedad ocasionan cada año la pérdida de unos 12.000 millones de jornadas laborales en todo el mundo.

Pero hablar de salud mental en la empresa también pasa por generar entornos donde sea posible dialogar, detectar señales de dificultad y actuar sobre aquellos factores organizativos que pueden estar generando malestar.

Y para lograrlo, contar con una base clara sobre estos conceptos es un buen punto de partida... Porque estar triste no equivale necesariamente a tener una depresión, sentir estrés no es lo mismo que experimentar ansiedad y atravesar una etapa de cansancio tampoco implica, por sí sola, estar sufriendo burnout. Entonces, ¿de qué hablamos exactamente?

Estrés

    El estrés surge cuando sentimos que las exigencias de una situación superan, o ponen a prueba, nuestros recursos para hacerles frente. Una fecha de entrega, un periodo de mayor exigencia laboral o la necesidad de resolver varios asuntos al mismo tiempo pueden activarlo.

    No siempre es negativo. En determinados momentos puede ayudarnos a reaccionar, concentrarnos o movilizar recursos. El problema emerge cuando se mantiene durante demasiado tiempo, es muy intenso o sentimos que ya no disponemos de herramientas suficientes para manejarlo.

    Ansiedad

    Puede aparecer ante una “amenaza” real, pero también ante situaciones futuras que anticipamos como peligrosas, inciertas o difíciles. Se manifiesta mediante pensamientos repetitivos, inquietud, tensión muscular, sensación de alerta, palpitaciones o dificultad para concentrarse, entre otros síntomas.

    Sentir ansiedad en algún momento no significa necesariamente padecer un trastorno de ansiedad. La intensidad, la frecuencia, la duración y hasta qué punto interfiere en la vida cotidiana son algunos de los aspectos que ayudan a valorar cada caso.

    Preocupación y rumiación

    También se asemejan, si bien los expertos matizan unas claras diferencias. 

    La preocupación suele estar orientada hacia el futuro: “¿Y si ocurre esto?”, “¿y si no sale bien?”. La rumiación, en cambio, tiende a dar vueltas una y otra vez a situaciones, emociones o acontecimientos, muchas veces relacionados con el pasado.

    Ambas pueden formar parte de nuestra experiencia habitual. Cuando se vuelven persistentes y difíciles de interrumpir, sin embargo, pueden aumentar el malestar emocional.

    Tristeza y depresión

    Sentirse triste es una respuesta emocional que se manifiesta ante una pérdida, una dificultad, una decepción o una situación que nos afecta especialmente.

    La depresión, en cambio, no se limita a sentirse triste durante unos días. Puede afectar de forma más amplia al estado de ánimo, la motivación, el descanso, el apetito, la concentración o la manera de afrontar el día a día.

    Distinguir ambos conceptos ayuda también a utilizar mejor las palabras. No todo momento de tristeza es una depresión, del mismo modo que una depresión no siempre se manifiesta, únicamente, a través de la tristeza.

    Miedo y fobia

    El miedo es una emoción que surge cuando percibimos una amenaza o un peligro. Tiene una función protectora: prepara al organismo para reaccionar.

    Podemos sentirlo antes de una prueba médica, al enfrentarnos a una situación desconocida o cuando advertimos algún riesgo. Su presencia, por sí sola, no implica que exista un problema psicológico.

    Por otro lado, no todo aquello que nos genera miedo es una fobia. Una fobia implica un temor intenso y persistente ante una situación, objeto o estímulo concreto que puede conducir a la evitación e interferir de forma significativa en la vida cotidiana.

    Ataque de pánico

    Un ataque de pánico se caracteriza por la aparición súbita de miedo o malestar muy intenso que puede ir acompañado de palpitaciones, dificultad para respirar, mareo, temblores o sensación de pérdida de control.

    Tener un episodio aislado tampoco equivale automáticamente a padecer un trastorno de pánico.

    Trauma

    Una experiencia traumática está vinculada a acontecimientos vividos como extremadamente amenazantes o desbordantes y puede dejar una huella emocional importante.

    Además, no todas las personas responden del mismo modo ante una experiencia difícil ni desarrollan necesariamente un trastorno relacionado con el trauma.

    Burnout

    Se relaciona con un estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado adecuadamente y suele asociarse a agotamiento, mayor distanciamiento respecto al trabajo y una menor sensación de eficacia profesional. Es importante destacar que el síndrome Burnout puede afectar a nivel físico y psicológico y que, aunque en un principio se manifiesta en el contexto laboral, las consecuencias pueden trasladarse al ámbito personal si la situación no se resuelve.

    El bienestar psicológico también forma parte de la cultura de empresa

    Integrar la salud mental en las políticas de bienestar permite ir más allá de actuaciones puntuales y adoptar una visión más amplia sobre la organización del trabajo y el cuidado de los equipos.

    ¿Cómo lograrlo? Contar con canales de apoyo, formar a responsables y mandos, revisar los factores psicosociales y favorecer entornos de trabajo basados en la comunicación eficaz son algunas de las medidas que pueden ayudar a prevenir situaciones de malestar y facilitar una respuesta temprana.

    Se trata, tal y como recomienda la OMS, de construir organizaciones mejor preparadas para responder a las necesidades reales de las personas.  Y, en ese camino, las palabras también importan, y mucho. Porque hablar de salud mental con rigor no es solo una cuestión de terminología, sino una forma de comprender mejor lo que nos ocurre y abordar el bienestar psicológico desde una perspectiva más consciente e informada.

    Irene Santos
    Irene Santos
    newsletter boton
    Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial