El flow corporativo propone un giro en la gestión del bienestar y las personas: dejar de preguntarse cómo lograr que los individuos y equipos trabajen más y empezar a diseñar el sistema para que trabajen mejor, con foco, autonomía y claridad.
Desde la perspectiva de RRHH, incluso desde la de liderazgo y diseño organizativo, el denominado flow corporativo se ha colado como término disruptivo en las conversaciones.
De hecho, parece que en el flow corporativo está no solo la clave de la productividad, sino del bienestar laboral, pues hace referencia a un escenario en el que los equipos alcanzan la máxima concentración, motivación y felicidad en el trabajo, lo cual se transforma, de manera inmediata, en una alta productividad. Es más, cada vez encontramos más consultorías especializadas en transformación cultural y desarrollo de talento que adoptan el término flow corporativo.
Este flow corporativo vendría a ser la estrategia necesaria para que las organizaciones puedan destacar. Es decir, como ese concepto integrador capaz de crear las condiciones necesarias para que los equipos trabajen con foco, autonomía, claridad, energía y coordinación hacia resultados concretos.
El flow corporativo como nueva experiencia de trabajo
La máxima concentración en la tarea, el disfrute por el desarrollo del trabajo, la motivación asociada a la consecución de los objetivos… ¿Qué departamento de RRHH o Bienestar no persigue esos indicadores de desempeño? El flow corporativo parte de la convicción de que hace falta mucho más que una actitud personal para conquistarlos. Se necesitan las condiciones del trabajo adecuadas, los recursos necesarios y un liderazgo que crea de verdad en que la calidad del ambiente de trabajo influye sobremanera en la calidad de los resultados.
Desde la gestión de personas, resulta vital entender el flow corporativo como una nueva experiencia de trabajo. Es decir, como una forma de gestionar el talento, de organizarlo, que facilite un alto rendimiento porque existe una alta cultura empresarial, alineada con las necesidades y expectativas de las personas.
De hecho, aquellos departamentos que configuran una estrategia de aumento de la productividad basada en el concepto de flow corporativo, huyen de ese modelo donde cunde la opacidad, la ambigüedad, la falta de autonomía y las eternas reuniones. El flow corporativo requiere así de una tarea estructural.
¿Qué significa realmente flow corporativo y por qué es importante en la gestión de personas?
El flow describe un estado de concentración profunda en el que la persona se encuentra completamente absorbida por una actividad. En el ámbito laboral, esto se consigue a través de tres elementos: dedicación, disfrute del trabajo y motivación. Por lo tanto, trasladar este concepto al nivel corporativo exige crear condiciones que permitan que las personas disfruten de un escenario de trabajo idóneo. Es más, el flow corporativo se entiende a menudo como indicador de calidad del sistema de trabajo, sobre las condiciones organizativas del rendimiento.
Desde RRHH y Bienestar, asumir esta metodología supone pasar de gestionar personas a intervenir sobre el sistema en el que los profesionales desarrollan y despliegan su talento.
Y es que, el resultado de dicha metodología dependerá de la capacidad para equilibrar las habilidades individuales y las oportunidades que brinda el contexto organizativo. Nos referimos a: carga de trabajo, presión temporal, complejidad de las tareas, conflicto de roles, autonomía, apoyo, claridad, feedback, oportunidades de desarrollo, recursos técnicos…, de tal forma que favorezcan la motivación y el desempeño.
Flow corporativo y tres tareas estratégicas
El área de People, Cultura y Wellbeing tiene la llave para crear el caldo de cultivo perfecto hacia una productividad beneficiosa para todas las partes. Para ello, puede adoptar tres tareas estratégicas capaces de generar un ambiente alienado con el flow corporativo:
- Diseñar espacios de trabajo que permitan la concentración y el aumento del rendimiento, es decir, que evite las interrupciones constantes, que fije prioridades, que conceda autonomía…
- Ofrecer claridad en los objetivos, las responsabilidades y las tareas, al mismo tiempo que se facilita autonomía y capacidad de decisión, pues estas últimas recalan en una mayor motivación. En otras palabras: las personas deben moverse en un marco de seguridad y confianza para ejercer su trabajo.
- Medir el rendimiento y no únicamente los resultados, pues permite a RRHH detectar si los equipos de trabajo están comenzando a dar señales de agotamiento.
Cuando la presión acaba con la productividad
A través de este tipo de estrategias, las empresas pueden elevar la productividad mejorando las condiciones de trabajo y, por tanto, para el alto rendimiento, y no al contrario, como sucede en muchas de las empresas que comienzan a crecer de manera desaforada, incrementando la carga de trabajo, la burocracia interna, los canales de comunicación y la rendición de cuentas. Es decir, todo un nuevo conglomerado que consume la capacidad y la energía de los talentos.
Y es que, suele ocurrir que aquellas empresas que deciden aumentar los mecanismos de transparencia, mejora y coordinación, acaban por reducir el tiempo disponible de sus equipos de trabajo para ejecutar las tareas diarias. ¿Cuántos profesionales consumen la mitad de su jornada en contestar emails, rellenar cuadrantes, cumplimentar reportes y formularios o atender a las constantes interrupciones digitales? ¿Cuántos profesionales disminuyen su capacidad de creación o de atención ante un fuerte aumento de la presión? ¿Cuántos se ausentan de su puesto de trabajo ante picos de actividad por la incapacidad para gestionar el estrés y la ansiedad?
Una visión colectiva y compartida del rendimiento demuestra que los equipos funcionarán bien, independientemente de quienes los compongan, siempre que impere la confianza, la claridad, la colaboración y el sentido de pertenencia. Una organización de alto rendimiento necesita pasar del enunciado “cómo conseguimos que las personas trabajen más” a“cómo diseñamos el sistema para que las personas puedan trabajar mejor”.
En definitiva, el flow corporativo consiste en construir el equilibrio perfecto entre lo que la empresa exige y el sistema que proporciona a sus profesionales para conseguirlo. Es decir, dejando a un lado la idea de productividad basada en intensidad y control a otra basada en diseño organizativo, foco, autonomía, claridad, seguridad psicológica y rendimiento sostenible.





