Es una de las claves de las novelas de Charles Dikens, las películas de Alfred Hitchcok o series como Juego de Tronos o Lost. Hablamos del efecto Zeigarnik, que define la tendencia a recordar tareas que no hemos acabado con mayor facilidad que aquellas que hemos conseguido terminar. Nuestro cerebro se implica de una manera más directa hasta cerrar una trama que no ha concluido. Así, la incógnita abierta al final de un capítulo de nuestra serie favorita provoca que el cerebro sea capaz de retener esa trama hasta que una semana después lo resolvamos.
Según la psicóloga Blima Zeigarnik nuestra mente presta más atención a aquellas tareas que no hemos conseguido terminar.
El nombre de este efecto viene de la investigadora rusa Blima Zeigarnik. Ella, psicóloga de la Gelstalt, encontró en un bar la teoría que le dio la popularidad. Zeigarnik observó como un camarero era capaz de recordar una larga lista de pedidos pendientes, y sin embargo, apenas recordaba los platos que acaba de servir. Una vez que finalizaba su obligación con un cliente, esa comanda desaparecía de su memoria.
Después de observar a este camarero tan eficiente decidió comprobar qué pasaba. La psicóloga desarrolló experimentos grupales donde las personas tenían que llevar a cabo una serie de 18 a 21 tareas sucesivas como enigmas o problemas de aritmética. Antes de que los individuos pudiesen terminar las tareas, eran interrumpidos. Las conclusiones evidenciaron que los sujetos recordaban con más fuerza las tareas interrumpidas y estructuradas. Mientras tanto las tareas desestructuradas o finalizadas dejaban poca huella en su memoria.
Años después de esta prueba un equipo liderado por Kenneth McGraw repitió un experimento parecido. Los participantes debían armar un rompecabezas muy complejo. Cuando estaba resuelto mayoritariamente se les interrumpió y se les dijo que el estudio había terminado y no tenían por qué continuar. En cambio, el 90% de ellos prefirió quedarse hasta que logró finalizarlo.
Eso sí, el Efecto Zeigarnik necesita motivación para funcionar bien. Si aquella tarea en la que nos vemos involucrados no cambia nada en nosotros es muy probable que su finalización no consiga atrapar nuestra atención.




