Lo primero que entra por el ojo cuando entramos en algún sitio es el orden y la limpieza, ya sea en una casa ajena, un restaurante o un hotel. Lo mismo ocurre con los puestos de trabajo.
Si al entrar en una oficina vemos un espacio aseado y limpio siempre nos dará una mejor impresión, que si vemos una oficina desorganizada y sucia.
La limpieza de un entorno de trabajo muestra confianza, orden y seguridad. Se podría decir que es el reflejo de la propia empresa. Los espacios ordenados y aseados nos demuestra que si un negocio es capaz de cuidar su imagen, también cuidará a sus clientes.
Pero ya no solo es cuestión de limpieza y orden, si no también de salud. ¿Por qué? Porque en los espacios donde más se acumula el polvo y la suciedad suelen ser en las zonas comunes y/o escritorios. Algo que puede provocar una proliferación de bacterias y como consecuencia desencadenar alergias.
Además, con la covid-19 este último año, las medidas de higiene se han reforzado y la limpieza se ha convertido en una obligación en todos los espacios en los que pueda frecuentar gente.
Todas las empresas de limpieza han tenido que reforzar sus medidas limpiando hasta el último bolígrafo del escritorio con productos desinfectantes. Y es que, un entorno higiénico no sólo aporta bienestar y salud, también ayuda a tener un mejor rendimiento, ya que un espacio limpio y ordenado fomenta la concentración y el bienestar.
¿Cómo limpiar una oficina?
Además de las limpiezas diarias, normalmente ejecutadas por el personal de limpieza en un edificio o una empresa, es recomendable contratar a profesionales de la limpieza para realizar una limpieza a fondo. Los equipos suelen ejercer su trabajo con maquinaria dedicándose incluso a la limpieza de cristales para dejar la oficina impoluta.
Pasos a seguir para una limpieza de alta calidad
1. Limpiar a fondo el polvo de las superficies
Este es el primer paso que se debe hacer para mantener una oficina libre de bacterias. Hacer una limpieza a fondo del polvo quiere decir insistir también en las zonas menos visibles y menos accesibles.
Para garantizar una higiene óptima, es conveniente sustituir el paño húmedo en función de la suciedad que tengan las superficies.
2. Limpieza de espacios
El segundo paso es limpiar los espacios. Los paños que se utilizan para la limpieza y el agua de la fregona deben sustituirse cada vez que se cambie de habitación, ya que el suelo puede coger olor y el brillo que se quiere conseguir puede truncarse por hacer uso de agua sucia para limpiar la superficie.
Los productos que se vayan a utilizar para la limpieza deben ser eficaces y no agresivos con las superficies y si pueden ser con un bajo impacto medioambiental, mucho mejor. Una vez esté limpio el suelo debemos esperar a que se seque para concluir la limpieza con la desinfección.
3. Desinfectar
Lo más normal es que se desinfecte al final de la limpieza, ya que la suciedad puede reducir su eficacia. Elige el producto adecuado para obtener resultados óptimos.
Como consejo cabe destacar que la limpieza siempre debe realizarse desde arriba hacia abajo, empezando por el techo y finalizando en el suelo, para evitar que las superficies que ya han sido limpiadas no se contaminen de nuevo.
¿Qué zonas necesitan especial atención?
Las herramientas más sucias y más propensas a tener bacterias son el teclado, el ratón y el teléfono, por eso es importante limpiarlos y desinfectarlos con más frecuencia para eliminar cualquier impureza.
Otra zona que debemos limpiar con frecuencia y de manera más exhaustiva son los aseos, puesto que es una zona con mayor cantidad de bacterias.
No debemos olvidar la desinfección de las superficies, puertas, manillas y pomos de los lavabos.







