Quiérete más y serás mejor profesional

por | Feb 13, 2023

Con San Valentín recordándonos a todos el poder del amor, es hora de plantearnos qué parte del “wellbeing” es responsabilidad directa de cada uno de nosotros.

Un tercio de tu vida (un promedio de 90.000 horas) lo pasarás en el trabajo. Si dedicamos tanto tiempo, no solo podemos esperar un salario justo y una proyección profesional. Deberíamos aspirar a ser felices.

“Amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura de por vida”. Oscar Wilde

El flechazo “wellbeing”

A las empresas les es rentable invertir en “wellbeing”: desde hace años, el bienestar físico y emocional de los equipos es uno de los aspectos que más se trabajan en las compañías. Según datos de Randstad, en el tercer trimestre de 2022, cada día hay 900.000 personas que no acuden a sus puestos laborales bien sea por estar de baja o por una incapacidad temporal. Este absentismo supone la pérdida de cerca del 5,6% de las horas de trabajo pactadas.

Claramente, estamos ante un win-win. Las empresas ganan productividad y empleados más leales, además atraen el talento. Los trabajadores, por su parte, pueden cuidar más su salud física y mental o beneficiarse de una mejor conciliación. Pero… ¿realmente sabemos aprovechar toda esta “corriente wellbeing”?

Hasta ahora, poníamos siempre el foco en la responsabilidad de la compañía. Está claro que son ellos los que tienen que implantar e incentivar los programas. Sin embargo, nuevos estudios han empezado a analizar cuál debe ser la implicación del empleado. También hay una responsabilidad individual.

¿Por qué fracasan muchos programas de wellbeing?

Hay una parte achacable a la empresa. Tradicionalmente se diseñan los programas con un enfoque vertical: las medidas son impuestas desde arriba y rara vez se pregunta a los trabajadores. Tampoco hay tiempo para diseñar soluciones personalizadas. Es “café para todos”.

Pero, en última instancia, es el empleado el que puede convertir la política de wellbeing en un fracaso absoluto. Para ilustrar esta teoría nos podemos fijar en las normas de seguridad. Hay unos protocolos fijados por ley y controlados por riesgos laborales, pero una persona temeraria puede ignorarlos por completo, poniéndose en peligro a él y a los demás.

Tras años de “calentar la silla”, nos cuesta levantarnos para hacer cosas que antes estaban mal vistas

La implicación es algo personal. Hemos vivido muchos años bajo la política de “calentar la silla” y ahora muchos tienen miedo de levantarse y empezar a hacer cosas que antes estaban prohibidas.

“Hay clases de yoga, pero voy a terminar antes el balance”. “No puedo bajar a comer a la cantina: hoy tomaré un sándwich de la máquina”. “Mi hijo está malo y debería acompañarle al médico, pero le doy un antitérmico y le llevo al colegio”. Todos hemos visto estos comportamientos, por no decir que alguna vez incluso los hemos protagonizado.

No seas tu peor enemigo

Hemos recopilado los 10 mandamientos del trabajador wellbeing. Todos ellos, como los bíblicos, se podrían resumir en dos: ámate a ti mismo sobre todas las cosas y deja que el resto también haga lo mismo.

1.- Los trabajadores deben establecer límites. Con la tecnología, cada vez nos hemos vuelto más adictos a contestar cualquier mail en cualquier momento del día. Hay que limitar la jornada de trabajo a las horas necesarias.

2.- Olvídate del qué dirán y no seas tú tampoco quien critique. Si hay un programa de bienestar, es porque la compañía quiere que te apuntes. Si tienes alguna propuesta, no debes guardártela.

3.- Es legítimo hablar de sentimientos. Existe la creencia de que un buen trabajador es alguien que no tienen vulnerabilidades, pero no es así.

4.- Duerme el tiempo suficiente, cuida tu alimentación y no te olvides de la actividad física. Unos hábitos saludables no solo te ayudarán a ser más productivo: incrementarán tu nivel de felicidad.

¿Egoísta? Recuerda que un trabajador feliz es un 13% más productivo

5.- Respeta las opiniones de los compañeros. Evitar un ambiente tóxico es una tarea compartida.

6.- Aprende a gestionar tu tiempo. Te recomendamos la lectura de “What to do when there’s too mutch to do”, de Laura Stack. Esta experta en productividad nos invita a seguir la herramienta de las 6R: rehusar (no sobrecargarse de trabajo), reducir tareas o el tiempo que las dedicamos, redistribuir o delegar, recuperar rutinas, reutilizar recursos y lo que llama “ratonear” (ordenar el escritorio, contestar mails…)

7.- Trabaja tu felicidad. Según el psicólogo Rojas Marcos, un 30% del optimismo parte de una predisposición genética. Sin embargo, el 70% restante depende de nosotros y nuestro entorno.

8.- Practica el reconocimiento positivo contigo mismo y con tus compañeros.

9.- Ten autoconfianza. No significa que ya lo sepas todo, sino que tienes la capacidad suficiente para aprender nuevas tareas.

10.- Comprueba si tus valores personales están alineados con el propósito de tu empresa.

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