Casi millón y medio de personas no acude cada día a su puesto de trabajo en España. En paralelo, el bienestar laboral ha ganado presencia en la agenda empresarial y cada vez son más las compañías que impulsan acciones para cuidar a sus equipos. La tensión está precisamente ahí: si hablamos más que nunca de bienestar, ¿por qué sigue creciendo el absentismo?
En esta entrevista en Intereconomía, con motivo de la presentación del IV Estudio sobre los planes de bienestar de las empresas españolas del HUB BIENSTART, Noemí Boza, cofundadora de Más Cuota y colíder del HUB, pone el foco en una de las grandes paradojas del momento. El estudio, elaborado a partir de compañías que ya están trabajando de alguna forma el bienestar, no pretende ser una fotografía cerrada de todo el tejido empresarial, pero sí ofrece una lectura muy significativa sobre hacia dónde se mueve esta conversación.
“El discurso del bienestar avanza, gusta, es tendencia y está en la mayoría de organizaciones. Pero va más rápido que la realidad”, señala Boza.
Para Noemí, el problema no está en que las empresas no estén haciendo nada. Al contrario: muchas han puesto en marcha iniciativas para cuidar a sus plantillas. La cuestión es que esas medidas conviven, demasiadas veces, con sobrecarga de trabajo, momentos de estrés y una presión constante por llegar a los resultados. Ahí es donde el bienestar deja de ser una lista de acciones y empieza a exigir una mirada más profunda sobre cómo se trabaja.
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista aparece cuando la conversación se desplaza hacia el liderazgo. Boza defiende que la comunicación no es una herramienta secundaria ni una habilidad para “brillar”, sino una pieza central del liderazgo. La forma en la que un jefe o una jefa se comunica con su equipo puede generar estados anímicos positivos, pero también incertidumbre, tensión y desgaste.
“Tu salud depende mucho de cómo tu jefe o tu jefa son capaces de comunicarse para generarte unos estados anímicos”, señala.
Por eso, hablar de bienestar laboral es hablar también de conversaciones difíciles, de claridad en las expectativas, de escucha y de la manera en la que se acompaña a las personas cuando la presión aumenta. En un contexto marcado por los riesgos psicosociales, la comunicación tiene un impacto mucho más profundo del que a veces se reconoce.






