Nuevas formas de esclavitud existen en pleno Siglo XXI. Quizá sus formatos, sus iconografías han cambiado, se han actualizado, la violencia que implican es, sin embargo, muy parecida a la de la esclavitud histórica. La mayoría de la ciudadanía sigue anclada en un imaginario de esclavitud muy marcada por los estereotipos de las películas: una ristra de africanos cantando espirituales camino de un algodonar en Alabama, por simplificar.
Lamentablemente la iconografía ha cambiado. La trata de seres humanos con fines de explotación laboral no se ajusta a esa imagen y quizá por eso pasa desapercibida. Ya no hay algodonales sino enormes explotaciones agrícolas bajo plástico o sin él, talleres de ropa, cadenas de montaje, servicio doméstico no hay ristras de personas encadenadas sino mafias o individuos concretos que consiguen traspasar las fronteras legal o ilegalmente con personas cuyo finalidad es la explotación. No siempre hay cadenas, pero sí siempre hay miedo y violación de DD.HH.
La OIM estima que en el mundo hay 2,4 millones de personas víctimas de trata de seres humanos
La única materia prima que cada año es más barata que el anterior es la mano de obra. Para sostener nuestro volumen de consumo, alimentos fuera de temporada, ropa de moda cada quince días, ordenadores y móviles cada vez más potentes, necesitamos una masa ingente y anónima de seres humanos que finalmente trabajan para nosotros, en condiciones de mayor y mayor vulnerabilidad. El último eslabón de esta cadena de producción, que se va degradando a cada eslabón, la constituyen las víctimas de trata con fines de explotación laboral.
La trata de seres humanos también se usa para sostener, en ocasiones, otras necesidades de nuestro estilo de vida, servicio doméstico en condiciones de esclavitud, matrimonios serviles, tráfico de órganos, prostitución
Es un fenómeno complejo, pero algo vamos entendiendo: las causas de la trata de seres humanos no están en las víctimas.
La OIM estima que en el mundo hay 2,4 millones de personas víctimas de trata de seres humanos, otros tantos víctimas de servidumbre, trabajos forzados, esclavitud y otros conceptos, de matices importantes pero que finalmente hablan sencillamente de violación de derechos humanos.
Frente a esto hay muchas posibilidades de acción, empezando por la toma de conciencia, la alfabetización en derechos humanos que nos ayuden a entender qué hay por detrás de nuestro modelo de consumo, de alimentación, de ocio, de transporte desde la cotidianeidad se puede cambiar la realidad. Informándose, cuestionando y decidiendo cada día en la cola del supermercado, en la puerta de unos almacenes, en mis opciones a un click de grandes empresas. El único carro de combate válido es el carro de la compra.
Según datos de un amplio reportaje publicado por El País hace tres mes, las cifras de personas liberadas en cinco años, tras la introducción del delito de trata en 2010, dan la primera fotografía del fenómeno en nuestro país. 4.430 víctimas de trata y explotación sexual, o solo de este segundo delito, de 2012 a 2016. Si se suman las de explotación laboral, perseguida con más ahínco desde 2015, ascienden a 5.675 personas. Y 20 más son de otros tipos de trata. Solo en 2016, el dato más reciente, el total de víctimas suma 1.046.





