La neuroplasticidad hace referencia a la capacidad del cerebro para reorganizar su estructura y funcionamiento con el paso del tiempo y en función de diversos estímulos. Y es que, el cerebro no es un ente fijo, sino un órgano capaz de crear nuevas conexiones neuronales fruto del aprendizaje, de las experiencias vividas e incluso de la estimulación. Es decir, se amolda y se adapta, de alguna manera. De hecho, la evidencia científica señala que el cerebro fortalece los circuitos neuronales que más usamos.
Por eso se suele decir que la atención moldea nuestro cerebro. Porque a base de repetir acciones, pensamientos, sentimientos…, el cerebro desarrolla un ejercicio de resiliencia, aprende y se recupera. En otras palabras: la atención actúa como agente de cambio. Aquello en lo que nos focalizamos, refuerza nuestro cerebro para ganar en eficiencia precisamente en esa tarea. Y esta habilidad se prolonga a lo largo de nuestra vida en mayor o menor medida.
Lecturas importantes sobre la neuroplasticidad
Estas evidencias han puesto sobre la mesa varios hechos:
El cerebro asume desafíos constantes fruto de un aprendizaje continuado, y que este es posible gracias a esa neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para propiciar nuevas conexiones entre neuronas, activándolas, lo que nos permite adquirir nuevas habilidades, por ejemplo.
Los pensamientos positivos transforman la estructura del cerebro, pues es adaptativo gracias a su plasticidad neuronal, y esa adaptación puede fortalecer habilidades como la memoria o la empatía. También todo lo contrario, hacer lo propio con otro tipo de comportamientos negativos que afectan, por ejemplo, a la forma en la que gestionamos nuestras emociones.
La atención plena ayuda al cerebro a reconfigurar su respuesta, por ejemplo, al estrés. Porque le “ayudamos” a cambiar a partir de experiencias enriquecedoras, que tratan de ahondar en sensaciones positivas que “entrenan” al cerebro aprovechando su capacidad de transformarse.
De hecho, respecto a este último punto, se cree que la práctica del mindfulness, que facilita vivir el presente de manera intencional, con plena conciencia, puede producir cambios estructurales y/o funcionales en el cerebro, e incluso intervenir en la actividad de la red neuronal por defecto, tal y como recoge la revisión sistemática llevada a cabo por López Barrera, C. (2023) en Mindfulness y neuroplasticidad: como las ondas alfa revelan los cambios en la estructura cerebral. Una revisión sistemática. Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
El cerebro se adapta en función del entorno
El Dr. Raffaele Cacciaglia, doctor en Neurociencias e investigador del Barcelonaβeta Research Center (BBRC), centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, señala en un artículo al respecto como el fenómeno neurobiológico de la potenciación a largo plazo supone que “la comunicación entre dos neuronas se fortalece de forma duradera tras una estimulación repetida o intensa. Es decir, cuando una neurona activa repetidamente a otra, la conexión entre ambas se vuelve más eficiente, facilitando la transmisión del impulso nervioso en el futuro”.
Se trata, señala Cacciaglia, de “uno de los principales mecanismos celulares que explican cómo el cerebro almacena información, aprende nuevas habilidades y forma recuerdos”.
Este investigador recuerda que “el cerebro se moldea con lo que le damos de comer (…), no solo se adapta, sino que lo hace en función del entorno y de su carga emocional, y que en algunos casos estas adaptaciones pueden perpetuar el sufrimiento en lugar de aliviarlo”.
Neuroplasticidad y entorno laboral
En el entorno laboral, la neuroplasticidad comienza a ser un término habitual en las conversaciones que giran en torno a acciones específicas. Concretamente en las que tienen que ver con el aprendizaje y el desarrollo de habilidades a lo largo de la carrera profesional de una persona dentro de una determinada empresa. Pero también en aquellas que trata de generar ambientes de trabajo saludables, preparados para incentivar la creatividad e innovación.
De hecho, desde RRHH, al menos en aquellas organizaciones donde se abrazan las estrategias de bienestar corporativo, la neuroplasticidad se asocia a programas de capacitación y desarrollo para empleados y empleadas. Y no solo a la hora de adquirir nuevas habilidades, sino de adaptarse a entornos de incertidumbre o de encontrar soluciones novedosas y eficientes a problemas complejos.
Es más, se habla ya del neuromanagement al abordar la aplicación de la neurociencia al ámbito empresarial. ¿Cómo? A través de un modelo de gestión que dé lugar a empresas más duraderas, más eficientes y más productivas gracias a la mejora de las capacidades y el talento humano.
De hecho, existen estudios al respecto que aplican la neurociencia no solo al liderazgo, sino a la gestión de los RRHH con el fin de maximizar el desempeño de los empleados y empleadas.
Tanto es así que existen cursos formativos, dirigidos a líderes y al personal de RRHH, sobre cómo mejorar sus habilidades relacionadas con la gestión de personal aplicando las neurociencias. Estas formaciones ahondan en asuntos como: la programación neurolingüística, el desarrollo de la inteligencia emocional, grafología y fonología para la mejora de la comunicación oral, gestión del factor tiempo, mejora del clima y cultura organizacional, etc. Porque, de hecho, algunos estudios apuntan hacia la experiencia social como una de las más poderosas a la hora de infundir cambios en el cerebro. Mientras que el estrés, por ejemplo, deriva en una neuroplasticidad maladaptativa, es decir, que provoca cambios en el cerebro pero de carácter negativo y duraderos.
Y es que, como se ha señalado más arriba, uno de los principios de la plasticidad es que cuando existe infrauso (al igual que un fallo en determinadas áreas funcionales del cerebro), se produce una degradación de las mismas y, con ellos, una merma en las capacidades inherentes. En muchos casos, una práctica constante, continuada en el tiempo, y la estimulación del área afectada trae consigo importantes mejoras en la función y capacidad cerebral, más aún si se lleva a cabo una repetición del comportamiento.







