Vitaminas, minerales, proteínas, probióticos, colágeno o productos con melatonina… La variedad de suplementos nutricionales disponibles se ha ampliado tanto en los últimos años que estos forman ya parte del “paisaje” cotidiano. Se adquieren en farmacias, supermercados, gimnasios y plataformas digitales, y se vinculan a objetivos muy distintos: mejorar el descanso, apoyar la recuperación física, completar la alimentación o afrontar etapas de mayor cansancio.
Su expansión no puede apreciarse al margen de una forma de entender el bienestar cada vez más personalizada. Dormir mejor, comer de forma equilibrada y prevenir problemas de salud son preocupaciones habituales, y muchas personas buscan soluciones que puedan incorporar con facilidad a su rutina cotidiana.
En este sentido, un estudio elaborado por EPPA en enero de 2026 para la Association of the European Self-Care Industry -AESGP-, a partir de una encuesta realizada a 6.000 consumidores de Alemania, Bélgica, Italia, Polonia y Suecia, aporta información sobre los hábitos de compra y consumo de suplementos que contienen vitaminas y minerales en estos cinco mercados.
Los datos resultan especialmente elocuentes: el 55 % de los hogares participantes había comprado este tipo de productos durante los seis meses anteriores. Entre las personas que los utilizaban, un 62 % afirmaba consumirlos a diario y el 82 % consideraba que eran importantes para su bienestar diario.
Una tendencia que también crece en España
A priori, podría parecer que se trata de una moda pasajera. Sin embargo, diferentes estudios de mercado en nuestro país apuntan en una dirección similar. El Panel de Hábitos Saludables (2025) promovido por Herbalife y realizado por IO Sondea a una muestra de 1.015 personas de entre 16 y 65 años señala que el 30,6 % de los encuestados declara incluir algún suplemento nutricional en su día a día. La cifra supone un aumento de 1,6 puntos respecto al año anterior.
Pero, ¿cuáles son los productos más demandados y qué motivos conducen a ello? La radiografía del consumo refleja que, entre quienes recurren a estos suplementos, los complejos de vitaminas y minerales son mencionados por el 59,5 %, mientras que el magnesio aparece en el 43,4 % de las respuestas.
Estas cifras muestran qué categorías tienen una mayor presencia, si bien inciden de manera implícita en los motivos que promueven su elección. En algunos casos, existe una carencia diagnosticada o una recomendación profesional. En otros, el consumo está relacionado con la práctica deportiva, una etapa de mayor demanda física o la influencia de mensajes publicitarios y contenidos difundidos en redes sociales.
Por otro lado, es interesante remarcar la idea extendida de que el bienestar debe adaptarse a las necesidades de cada persona. Así lo matiza el informe Future of Wellness 2025, elaborado por McKinsey. De manera explícita, el estudio precisa que, entre los Millennials y la Generación Z, el cuidado personal se vive cada vez más como una práctica cotidiana y vinculada a objetivos concretos. Este cambio está detrás del interés por soluciones sencillas de integrar en el día a día.
Sin embargo, remarcan los expertos, personalizar el bienestar no significa incorporar productos sin criterio. La utilidad de un suplemento depende de factores como la alimentación, la edad, el estado de salud, la medicación o la existencia real de una necesidad nutricional.
Qué pueden aportar y cuáles son sus límites
Ante este escenario, conviene no perder de vista la función de estos productos: están diseñados para completar la alimentación, no para reemplazarla. Así de contundente se muestra la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición -AESAN- al recordar que “los complementos alimenticios no pueden sustituir una dieta equilibrada” y aconseja respetar siempre las cantidades recomendadas en el etiquetado.
Los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos -NIH-, a través de su Oficina de Suplementos Dietéticos, también advierten de que no todos los productos cuentan con el mismo respaldo científico. No en vano, recuerdan, algunos pueden resultar útiles en situaciones concretas, mientras que otros presentan evidencias limitadas o pueden interactuar con determinados medicamentos.
En cualquier caso, las últimas investigaciones ponen de relieve la necesidad de seguir fomentando una información rigurosa, el asesoramiento profesional y unas expectativas realistas en torno al uso de la suplementación nutricional. Esta puede tener sentido, remarcan los expertos, cuando responde a una necesidad concreta y se utiliza correctamente. Lo que no pueden hacer es compensar, por sí solos, una dieta poco variada, un descanso insuficiente, el sedentarismo o una situación de estrés prolongado. Por ello, antes de incorporarlos a nuestra rutina de bienestar, la pregunta no debería ser únicamente qué producto elegir, sino si realmente es necesario. Y, un detalle que resulta especialmente relevante: contar con una orientación especializada.




