En un entorno cada vez más demandante, el verdadero reto ya no es exprimir más horas, sino aprender a gestionar mejor la energía. Esta idea, revolucionada por Tony Schwartz y Jim Loehr en The Power of Full Engagement, es hoy clave para impulsar alto rendimiento y salud laboral duradera.
Como explican Schwartz y Loehr, “la energía, no el tiempo, es la moneda fundamental del alto rendimiento”. Aunque todos disponemos de las mismas 24 horas, la calidad del trabajo no depende del tiempo, sino del estado energético con el que lo abordamos. Además, descansos breves y estratégicos (recarga) durante la jornada incrementan la productividad en un 28% y mejoran el bienestar en un 30%, según estudios recopilados junto a Harvard Business Review.
El Energy Project de Schwartz y su colaboración con HBR, basados en más de 20.000 encuestas globales, muestran que cuando se cubren al menos tres necesidades energéticas, la energía positiva en el trabajo se duplica y la retención de talento se incrementa en un 100%. Esta visión ha sido corroborada por múltiples investigaciones en entornos corporativos: el bienestar emocional, la motivación intrínseca y la productividad suben cuando las empresas escogen gestionar energía, no horas.
El modelo de las cuatro fuentes de energía
Para comprometerse al máximo sin agotarse, es necesario equilibrar cuatro dimensiones energéticas:
- Física: gestión del cuerpo, descanso y actividad.
- Emocional: mantener un estado positivo y conectado.
- Mental: enfoque y claridad sobre prioridades.
- Espiritual: sentido del propósito en el trabajo.
Cuando estas fuentes están alineadas, el compromiso, la productividad y la satisfacción personal se disparan.
Cómo aplicar la gestión energética en el entorno laboral
Los profesionales del bienestar laboral pueden transformar el día a día de sus organizaciones ayudando a los equipos a implementar estrategias prácticas como:
- Establecer descansos cada 90 minutos, inspirados en rutinas deportivas de alto rendimiento.
- Introducir microhábitos de recarga: pausas conscientes, estiramientos, respiración profunda o meditación breve.
- Planificar tareas según los picos de energía del día, y reservar los momentos de menor energía para labores administrativas.
- Detectar actividades que energizan o drenan, promoviendo cambios individuales o colectivos basados en esos hallazgos.
- Diseñar jornadas laborales con fases de esfuerzo y recuperación para evitar el agotamiento crónico.
- Fomentar el propósito y el sentido del trabajo, conectando tareas diarias con valores personales y organizativos.
- Formar a líderes para que modelen el cuidado de su propia energía y creen culturas de bienestar auténticas.
Además, pueden promover espacios de trabajo adaptados a estas necesidades (zonas de pausa activa, iluminación natural, flexibilidad horaria) y medir la energía como indicador de bienestar con encuestas regulares o programas piloto.
Del tiempo gestionado al equipo energizado
Para empresas que apuestan por el bienestar laboral, adoptar la gestión energética es una práctica transformadora. Pasar de días de puro cronometraje a jornadas gestionadas desde la energía permite alcanzar alto rendimiento sostenido, salud emocional y compromiso organizativo real.
En resumen: no se trata de trabajar más, sino de trabajar con mejor energía. Esta mentalidad es la clave para una cultura laboral sana, productiva y equilibrada.






