El gran enemigo del liderazgo saludable: cuando el miedo a equivocarse bloquea los equipos

por | Feb 4, 2026

En España, el fracaso no se digiere como ese camino irremediable hacia la antesala del éxito. Todo lo contrario. Culturalmente, el fracaso tiene poco de positivo. Quizás por eso, el miedo a equivocarse condiciona a muchos profesionales y equipos de trabajo, en contraste con un liderazgo saludable que genera climas donde el error no se penaliza, sino que se convierte en aprendizaje.

No en vano, los datos lanzados por el Informe GEM España 24-25 demuestran que “con relación a los 51 países que formaron parte del estudio internacional sobre las percepciones y miedos relacionados con la actividad emprendedora, España se posiciona como el territorio en el que la población adulta percibe menos oportunidades para emprender”. El miedo al fracaso es uno de los factores limitantes.

Una cultura que teme el fracaso

El miedo a equivocarse atenaza a los y las profesionales españolas. Y no solo a quienes desearían desarrollar su propio proyecto empresarial, sino a quienes han de tomar la iniciativa en sus respectivos puestos de trabajo. Un miedo que paraliza la creatividad, la capacidad de innovación, la resiliencia…, en definitiva, la posibilidad de mejora o disrupción. Porque el miedo al error, al fracaso, bloquea incluso a las mentes más privilegiadas.

De hecho, son muchos los españoles y españolas que, tras desarrollar sus carreras profesionales en países como EEUU, han destacado precisamente esta peculiaridad como una gran diferencia cultural entre las empresas de allí y de aquí. La actitud frente al fracaso es, en EEUU, de aprendizaje, de fase a menudo intrínseca al camino hacia el éxito. En España, sin embargo, nos paraliza, se asocia a la falta de capacidad para aprovechar ciertas oportunidades, y lejos de representar un punto a valorar en un proceso de selección de personal, constituye un motivo de penalización.

Un liderazgo que otorga seguridad psicológica

En los últimos años, quienes apuestan por un liderazgo humanista, conectado a las necesidades actuales a todos los niveles, lo hacen por un liderazgo capaz de romper esa gran barrera cultural

El nuevo liderazgo cree en el error, en el fracaso, como prueba irrefutable de que el cambio se ha intentado y, por tanto, se ha iniciado por parte de quien se atreve. Porque esa persona, además, alberga la suficiente seguridad en sus posibilidades como para volver a intentarlo, y esta vez, aprender de errores pasados.

Pero, para llegar a ese punto, hace falta generar un caldo de cultivo proclive en la empresa, una atmósfera que permita el error como proceso de aprendizaje y de evolución. Un entorno donde el respeto, la persistencia y la paciencia se cultiven y se premien. 

Ya lo señalaba Patricio Fedio, fundador y CEO de Ubuntu Inspire Group y Socio internacional de REF en Argentina, en un artículo para Canal CEO: “Solemos celebrar el éxito como si fuera un destino final. Sin embargo, la realidad es otra: los grandes logros están construidos sobre una base de intentos fallidos, aprendizajes forzados y giros inesperados. En contextos volátiles, donde la incertidumbre es la única certeza, fracasar rápido y reinventarse mejor se convierte en la verdadera ventaja competitiva”. Para Fedio, existe un valor de gran importancia en el error, especialmente para quienes desean innovar.

También para Carme Castro, CEO de Kainova, para quien resulta imprescindible entender que “el fracaso no es un error, es parte del proceso de comprensión del nuevo paradigma”.

Pasos hacia la liberación: el error como impulso

La creatividad y la capacidad de innovar son habilidades más necesarias que nunca, esenciales para tener éxito. Desarrollarlas dentro de los equipos pasa por liberar a estos del miedo al error. ¿Cómo? 

  1. Generando espacios colaborativos multidisciplinares, así como principios de gobernanza participativa.
  2. Alimentando una metodología de trabajo en la que los empleados y empleadas tengan capacidad de decisión y de acción, donde gocen de autonomía.
  3. Creando ambientes transparentes y de respeto mutuo, donde todas las partes implicadas puedan verbalizar sus ideas y opiniones, y admitir un error sin miedo a ser reprendidos.
  4. Adoptar una cultura de empresa donde el feedback sea la tónica predominante y donde se inste a los equipos a seguir intentando, probando y reformulando sus convicciones.
  5. Facilitar un itinerario formativo, a través de cursos y charlas de personas expertas, que reclame la idea del fracaso como sinónimo de aprendizaje.
  6. Acompañar a los trabajadores y trabajadoras en sus ensayos y en su proceso de asunción del fracaso, cuando sea necesario, a modo de mentorización.

No solo eso. Además, el rol del líder debe predicar con el ejemplo. Debe admitir sus fracasos y crear sin miedo, así contagiará la seguridad en sí mismo y en su equipo al resto de la corporación, donde se estimulará el derecho a intentarlo y equivocarse constantemente. Se trata, en definitiva, de crear un escenario propicio para el impulso creativo, sin miedos ni cortapisas. Porque el error es necesario para avanzar.

Raquel Santos
Raquel Santos
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