El proyecto MINDCOVID busca estudiar la salud mental de los trabajadores sanitarios, como los enfermos de la COVID-19 (y sus contactos cercanos) y la población general adulta española en este periodo. En su presentación, en el Campus de Chamartín del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), su investigador principal, Jordi Alonso ha considerado que el burn out es una dificultad de futuro: “Es un problema a caballo entre los trastornos mentales y las relaciones laborales. No lo había estudiado previamente, solo de forma superficial. Pero creemos que es importante, y por eso lo medimos. Es un indicador a seguir”, ha proseguido en su intervención.
La evolución del bienestar mental
En los sanitarios los trastornos mentales se han mantenido en niveles muy altos desde el año de estallar la pandemia. Aunque el porcentaje de profesionales afectados descendió levemente del 45 % al 37 %, una tendencia contraria a la de la población general, que subió del 23,4 % en la primera ola al 26,4 % en la tercera.
Mujeres sanitarias jóvenes, personas con problemas mentales anteriores u hospitalizados por covid son los colectivos más afectados en su salud mental por los estragos de la pandemia
Con datos de más de 9.000 sanitarios de 18 hospitales, más de 2.500 pacientes con covid y sus contactos, y 3.500 personas como muestra de la población general, una primera parte del proyecto reveló hace un año cómo el 45,7 % de los profesionales estaba en riesgo alto de sufrir algún tipo de trastorno mental después de trabajar en la primera ola.
Cómo medir el burnout
Para poder medir ese síndrome de estar quemado el estudio ha recurrido a la subescala del Inventorio del Desgaste Laboral de Copenhague. Los participantes tenían que responder con qué frecuencia durante la pandemia se habían sentido cansados; física o psicológicamente agotados; habían pensado “no puedo más”; se habían sentido rendidos o quemados; y débiles o susceptibles de enfermar en los últimos 30 días. Sobre el fenómeno del burn out y su prevención hablamos en este contenido.
En el estudio se vió que entre la primera ola y el seguimiento a los nueve meses la evolución era positiva. La puntuación bajó 7 puntos, una disminución del 14% en ese intervalo de tiempo. Se redujo 51 a 44 puntos. Un valor que “sigue siendo muy importante y mucho mayor del esperado en cualquier institución sanitaria u organización empresarial“. “Este es un problema importante que, si bien ha bajado, habrá que medir”, ha señalado Jordi Alonso. De hecho, entre las conclusiones del proyecto, el investigador ha indicado que es necesario mitigar factores de riesgo múltiples como los laborales, organizativos y económicos “para evitar el desgaste laboral”.
Mujeres sanitarias jóvenes, personas con problemas mentales anteriores u hospitalizados por covid son los colectivos más afectados en su salud mental por los estragos de la pandemia




