Qué buen foro para comenzar a escribir sobre mis experiencias como consultor en Prevención de Riesgos Laborales. Es una oportunidad de contar, de forma pausada, lo que día a día me encuentro en multitud de visitas a empresas.
A día de hoy, después más de 20 años de la implantación de la LPRL (Ley de Prevención de Riesgos Laborales) es muy extraño la empresa que no tiene conocimiento de la obligación de contar con un Plan de Prevención o una modalidad organizativa en PRL, tanto externa, como interna.
Son muchas empresas, más bien la mayoría, teniendo en cuenta el tejido industrial de nuestro país, las que cuentan con un servicio de prevención ajeno aunque todavía se sigue percibiendo la PRL, como un seguro al que se acude, en caso de que nos encontremos con la no deseada circunstancia de tener un accidente de trabajo o inspección y pocas o muy pocas son las empresas que realmente implantan la PRL, por no contar con recursos propios para ello, o tiempo, (al menos es el motivo principal transmitido).
Una vez que la visita técnica ha finalizado con el resultado de la entrega de informes técnicos y sanitarios completos, éstos pasarán a engrosar un armario, que únicamente volverá a abrirse en el caso de la temida inspección.
En los últimos años, cambiamos ese armario de madera por una carpeta digital con todo firmado electrónicamente y, curiosamente, en las visitas técnicas sí se presta atención a las recomendaciones del técnico en seguridad pero cuando llega el momento de ejecutar las medidas, vuelven, otra vez, los motivos mencionados.
Y yo pienso, que si se rompe la cadena entre esos informes correctamente elaborados por un servicio de prevención y la empresa, que no llega a implantar lo reflejado en los mismos, es que, realmente, algo está fallando.
Siempre me viene a la cabeza una respuesta: RECURSOS. Pero recursos, REGULADOS.
¿Cómo? Podrían regularse esos recursos en función del número de trabajadores de la empresa, el riesgo de la propia empresa y su actividad o producción, horas asignadas por expertos externos o incluso expertos dentro de la propia empresa que, asignados con formación específica en PRL, se encarguen de esa asignación de horas dedicadas de forma expresa para la función (esto último nos serviría para regular los contratos en seguridad laboral, por ejemplo). Todo, como siempre, con el único objetivo de fomentar la seguridad y tratar de mejorar su gestión.
¿Por qué? Para conseguir una sociedad de bienestar y alcanzar un buen desarrollo empresarial, sostenible y duradero.
Jose Ignacio Gómez Rivas – Técnico en Prevención de Riesgos Laborales




