Durante años, la nutrición laboral se ha movido en un terreno común: menús saludables, recomendaciones genéricas, opciones equilibradas. Pero la ciencia ha empezado a contar otra historia. Una en la que no hay una dieta ideal para todos, sino una que responde a lo más íntimo de cada persona: su ADN. En esta narrativa irrumpe con fuerza la nutrigenética, una disciplina que estudia cómo las variaciones genéticas individuales determinan la respuesta a nutrientes concretos, y que puede marcar un antes y un después en la salud organizacional.
Lejos de la ciencia ficción, la nutrigenética ya se aplica en contextos clínicos, con hallazgos sólidos como los del Nutrition and Genomics Laboratory de la Universidad de Tufts, liderado por el español José María Ordovás, o los del proyecto europeo NU-AGE. Estos estudios revelan que genes como FTO, APOA2 o MTHFR están directamente relacionados con la forma en que metabolizamos grasas, azúcares o vitaminas, y que adaptar la dieta a estas variantes mejora el bienestar, el rendimiento y la prevención de enfermedades metabólicas o cardiovasculares.
A diferencia de la nutrigenómica, que analiza cómo los alimentos modifican la expresión de genes en general, la nutrigenética se centra en cómo las diferencias genéticas (SNPs) de cada persona condicionan su metabolismo de nutrientes, tolerancias y riesgos de enfermedades. Conocimiento clave para personalizar estrategias de salud que no funcionen para todos por igual.
¿Por qué esto importa en la empresa?
El lugar de trabajo es mucho más que un espacio de productividad: es donde las personas pasan gran parte de su tiempo, toman decisiones alimenticias a diario y experimentan niveles de estrés que pueden impactar directamente en su biología. Diversas revisiones científicas ya han demostrado que intervenir en el entorno laboral desde la nutrición puede reducir el IMC, mejorar marcadores metabólicos y prevenir el deterioro de la salud. Pero ahora, la personalización va más allá.
Incorporar el enfoque nutrigenético a los programas de bienestar permite diseñar intervenciones más efectivas, motivadoras y ajustadas a cada perfil. ¿Qué significa esto en la práctica? Desde ofrecer tests nutrigenéticos voluntarios —gestionados con protocolos éticos y de privacidad— hasta adaptar los menús en comedores corporativos según las necesidades de diferentes grupos genéticos, como aquellos con predisposición a la inflamación o con carencias en la absorción de folato o vitamina D.
No se trata solo de perder peso o mejorar parámetros médicos, sino de activar el potencial individual a través de la alimentación. En definitiva, convertir la comida en una aliada de la concentración, el estado de ánimo, la prevención del burnout y la salud emocional.
De la teoría a la acción: cómo aplicar la nutrigenética en tu estrategia de bienestar
La clave está en combinar rigor científico con sentido común. Profesionales del bienestar pueden integrar esta herramienta con una hoja de ruta clara:
- Diagnóstico personalizado: Ofrecer análisis voluntarios para detectar polimorfismos genéticos relacionados con la nutrición, y orientar la intervención desde ahí.
- Menús y recomendaciones adaptadas: Desde propuestas ricas en folato para quienes tienen menor capacidad de metabolizarlo, hasta la reducción de grasas saturadas para perfiles APOA2 sensibles.
- Formación y cultura: Impulsar talleres y contenidos que expliquen de forma sencilla cómo funciona la relación entre genes y dieta, y cómo puede mejorar el rendimiento laboral.
- Evaluación continua: Medir impacto a través de encuestas de salud, bienestar percibido, adherencia a pautas nutricionales y reducción del absentismo.
La experiencia del proyecto Arivale en Estados Unidos —una iniciativa pionera en integrar datos genéticos, coaching y biomarcadores— demostró mejoras significativas en triglicéridos, colesterol o gestión del estrés en trabajadores que aplicaron este enfoque. Un indicio más de que el futuro del bienestar es predictivo, no reactivo.
Más allá de la moda: un cambio de paradigma
La nutrigenética no es una tendencia, es una evolución. Una forma de comprender que la salud empieza dentro y que escuchar al cuerpo implica, ahora más que nunca, descifrar su lenguaje genético. No todas las empresas deben incorporar tests genéticos de inmediato, pero sí todas pueden comenzar a construir una cultura de bienestar más personalizada, inclusiva y basada en evidencia científica.
Como explica el genetista Michael Fenech:
“La nutrigenética abre la puerta a una nutrición verdaderamente personalizada, que no se basa en modas o supuestos, sino en la información más íntima: nuestro ADN”.
En un mundo laboral donde los retos de salud son complejos, diversos y crecientes, saber qué necesita realmente cada persona puede marcar la diferencia. Comer bien no es suficiente. Hay que comer bien para cada uno. Y ahí, la ciencia tiene mucho que decir.





