Cambiar nunca es fácil. Sin embargo, no cabe duda de que algunos cambios son mejor recibidos que otros. Volver de las vacaciones supone un cambio y es una de esas situaciones que nos obliga a reprogramar nuestros horarios, retomar obligaciones con sus consecuentes responsabilidades, reencontrarnos con el jefe y los colegas, con todo lo bueno y malo que seguro hay en ello.
¿Por qué nos cuesta volver al trabajo?
Volver al trabajo en septiembre es enfrentarse a una situación que, básicamente, nos genera estrés por el reto y cambio que conlleva. Por ello, la cuestión fundamental es saber lidiar con él.
La forma en la que encaramos estos eventos es una pieza clave para sobrellevar dichas situaciones, algo que en psicología se conoce como “estrategias de afrontamiento” y que nos habla de cómo nos hacemos cargo y resolvemos los retos cotidianos.
Cuando hablamos de estrategias de afrontamiento nos referimos a la forma, consciente o inconsciente, con la que gestionamos las dificultades que nos tocan en la vida. Cada persona posee un patrón de afrontamiento y lo construimos a través de los aprendizajes. Algunos son por ensayo y error y, otros, a través de la imitación de alguna persona que adoptamos como modelo a seguir, otros por entrenamiento en habilidades. Ningún patrón es mejor que otro sino que va a depender de las circunstancias.
De acuerdo con la Teoría de evaluación cognitiva de los psicólogos Lázarus y Folkman (1984), podemos destacar tres estilos básicos de afrontamiento ante el estrés, en nuestro caso, el estrés que provoca el regreso al espacio laboral:
- Afrontamiento centrado en el problema
Identificar aquellos pensamientos negativos que nos provoca la idea de volver al trabajo y visualizar distintas formas de solucionarlos sería una estrategia típica de afrontamiento activo o centrado en el problema. Muchas veces no sabemos qué es lo que nos preocupa o nos pone de mal humor. Detenerse un momento a pensar en ello para luego planificar una manera de enfrentarlo es una forma eficaz de lidiar con una situación vivida como estresante.
2. Afrontamiento centrado en la emoción
Reconocer las emociones que despiertan determinadas situaciones nos permite ser más conscientes de ellas al tiempo que nos abre la posibilidad de controlarlas. El humor o desahogarse, ambos de forma adecuada, son una buena manera de aminorar el impacto emocional que generan diversas situaciones de estrés.
3. Afrontamiento de evitación
No pensar en las dificultades, esperar que se resuelvan por sí solas o culpar a otros de nuestros pesares son ejemplos de este tipo de estrategia.
Tal como lo definen sus autores, no se trata de que un estilo sea superior a otro ni, mucho menos, de tres fases de afrontamiento. Se trata de tener en mente que en uno o más de alguno de estos estilos nos encontramos cuando hacemos frente al estrés que nos genera volver al trabajo.
Septiembre, mejor momento para construir hábitos saludables
Con la vuelta al trabajo en septiembre, muchos trabajadores se ven afectados por pensamientos que comúnmente se asocian con emociones negativas. La vuelta al espacio laboral enciende una montaña rusa de emociones y, generalmente, no es de las que se viven con el mayor de los entusiasmos.
Ahondando en el enfrentamiento centrado en la emoción, sabemos, por el catedrático de psicología Gonzalo Hervás, que todas las emociones tienen una razón de ser y esa es la de transmitirnos un mensaje. Las emociones llamadas negativas no son una excepción a dicha regla, tienen una función adaptativa cuya misiva variará en función de la emoción que se manifieste.
La mayoría de los psicólogos señalan unas emociones básicas, alegría, sorpresa, ira, tristeza, miedo y asco, de las que se desprenden sentimientos y sensaciones asociadas. Se suele hablar de emociones positivas y negativas, sin con ello hacer ninguna referencia a una distinción valorativa o moral sino que hacen referencia a la información a la que reaccionan y cómo se experimentan de forma agradable las positivas y desagradables las negativas.
El psicólogo Hervás aconseja no juzgar ni estigmatizar las famosas emociones negativas con la intención de desmitificar su importancia. Ignorar, ocultar, negar o menospreciar las emociones vulnera nuestra capacidad de defensa, nos deja al descubierto frente a situaciones de peligro.
Si nos toca volver al trabajo y unos días antes comenzamos a experimentar miedo, el Dr. Hervás aconseja buscar protección, prevenir peligros o prever todos aquellos riesgos que aparecen por nuestra cabeza cuando pensamos en volver al trabajo.
Pero, si por el contrario, lo que estamos sintiendo es más del orden de la ira, una buena estrategia podría ser la de intentar cortar con ese monólogo interior que secuestra nuestros pensamientos, palabras y comportamientos. Desahogarse, ya sea a través del humor o de conversar sobre nuestras preocupaciones con nuestro entorno social de confianza, puede ser útil en estos momentos.
En el caso de la tristeza, lo apropiado sería comunicarle al entorno cercano el momento difícil por el que está pasando con el objeto de conseguir el reconfortante apoyo y consuelo de parte de los seres queridos y apoyarse en aquellas cosas positivas que nos rodean.
No muchas personas lo experimentan pero si, llegado el caso, la emoción que predomina es el asco, de lo que nos habla es de una necesidad de evitar alguna persona, cosa o situación percibida como peligrosa. Un entorno laboral catalogado como negativo es un espacio que despierta la necesidad de protegerse. Por tanto, reparar en ello es el primer paso hacia una estrategia de afrontamiento adaptativa.
Con todo lo dicho anteriormente, puedes pensar en septiembre como el mes para empezar a poner en práctica todos estos consejos sobre tu gestión emocional de afrontamiento que te ayudarán a gestionar de una forma saludable, no solo el estrés que provoca el regreso al trabajo sino, también, de la vida en general.
No todas las personas son conscientes de los métodos que utilizan para gestionar las dificultades. Muchas veces, a pesar de no dar con una respuesta ajustada a las circunstancias, se perpetúan ciertos mecanismos porque se han transformado en automáticos. Lo bueno es que siempre podemos aprender a utilizar estrategias de afrontamiento eficaces y adaptarnos mejor a nuestra vida cotidiana.
¿Otros condimentos en esta ecuación? Pues, además de cuidar nuestra mente, siempre es importante cuidar el cuerpo. Una dieta saludable, dormir las horas recomendadas por los médicos, mantener horarios, hacer ejercicio, rodearse de los seres queridos e intentar interpretar los acontecimientos de una forma positiva suelen ser elementos indispensables para una vida de bienestar en general y para hacer más llevadera la vuelta al trabajo.
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