En ocasiones, la ira o el enfado hacen que una situación se nos escape de las manos. Sin saber cómo, hacemos o decimos cosas de las que pronto nos arrepentimos. El autor Daniel Goleman bautizó este tipo de momentos como secuestros emocionales.
Esta denominación tiene su origen en la neurociencia. Si nuestro cerebro consta de una parte más racional y otra más emocional, es esta última la que se apodera de nuestra conducta.
Para entender qué ocurre en nuestro cerebro de forma detallada, situaremos el problema en nuestro sistema límbico. Allí encontramos la amígdala, una estructura que procesa las emociones. Nos sirve como guardián y, ante la información que nos llega, trata de dilucidar si hay riesgos. Si la respuesta es afirmativa nuestro cuerpo se dispone a huir o luchar. A mayor riesgo percibido mayor implicación de la amígdala que puede ser la dueña de todo. Ante un impulso exterior que detectemos como peligroso la reacción puede desbordarnos.
A día de hoy, casi ningún momento de nuestra vida, requiere de una reacción de huida o lucha como las que vivían los humanos hace miles de años. Sin embargo, la amígdala sigue activándose y llevándonos a actuar de forma poco razonable.
Elsa Punset, en su libro Una mochila para el universo, detalla tres recomendaciones que nos pueden ayudar para esquivar estos secuestros:
a) El segundo mágico: Según la neurociencia hay unas milésimas de segundo que nos servirán para detectar que se avecina un enfado demasiado grande y rechazarlo.
b) Dale un nombre a lo que sientes: Si muchos de los secuestros surgen asociados a sentimientos negativos es óptimo, según la autora, darles un nombre y pensar en ellos. Por ejemplo, decir estoy enfadado por lo que ocurrió la semana pasada. Esto hará implicar a nuestro cerebro racional y
c) Relativizar: El tercer consejo de Punset trata de que en ese momento te hagas preguntas cómo la importancia que tendrá lo que acaba de pasar dentro de un tiempo. Aprender a hacernos ese tipo de preguntas frenará la tempestad emocional.
A pesar de estas consideraciones no podemos tratar de minar el papel de las emociones negativas. Es el uso que hagamos de ellas lo que las hacen útiles o perjudiciales. Una correcta toma de decisiones exige, como afirmó el neurólogo americano Antonio Damasio, de ambas partes de nuestro cerebro.
Las emociones están en nuestra vida para ser sentidas pero no para dominar nuestra vida. Por eso es aconsejable aprender a gestionar determinadas situaciones sino queremos resultados inesperados.




