¿Qué cualidades debe atesorar esa o ese profesional llamado a construir organizaciones para el bienestar? Con esta pregunta, Mi Empresa es Saludable cerraba el primer encuentro de Bienstart, el Hub del Bienestar laboral, el espacio de reflexión y divulgación que cuenta con la participación activa de ocho empresas ejemplares en el cuidado de sus plantillas: Amadeus, Ferrer, ING, Redeia, Redexis, Mahou, BM Supermercados, Santalucía y Wellat.
De hecho, fueron estas, junto al resto de perfiles expertos que participaron en el evento, quienes realizaron, de manera conjunta, el retrato robot de esa persona, llamada a empoderar a los equipos de trabajo desde el cuidado y la respuesta a sus necesidades, tanto personales como profesionales y laborales.
Estas son las cualidades y capacidades que señalaron las empresas y expertas participantes del futuro profesional del bienestar en las organizaciones:
1. De mirada muy transversal
¿Por qué? Porque dicha persona tendrá que apoyarse en todas esas disciplinas que hoy en día están vinculadas a la gestión efectiva de personas. Hablamos de los beneficios corporativos, de la prevención de riesgos laborales, de la transformación de los procesos de selección de personal, on boarding o employer branding, entre otros. Un largo etcétera que debe manejar y maridar ese perfil de liderazgo. En definitiva, una persona que conecte bien con todas las áreas de people y permita que los objetivos de bienestar fluyan en todas las capas de la organización.
2. Ejemplarizante
No se puede impulsar el bienestar dentro de una compañía si no se predica con el ejemplo. Es decir, si no se dejan de lado el sedentarismo o los malos hábitos, los prejuicios y estereotipos, la falta de comunicación empática… Es decir, el buen profesional del bienestar labora, un líder transformador, deberá cultivar y poner en prácticas las mismas habilidades y destrezas que demanda en los miembros de su equipo de trabajo.
3. Cercana e inclusiva
Dispuesta a trabajar capacidades como la de la amabilidad o la empatía, única forma de tocar emociones de quienes le acompañan en el camino hacia la consecución de los objetivos corporativos. E inclusiva. Este último es un rasgo inherente a los líderes del futuro, pues las organizaciones están llamadas a ser cada vez más plurales y diversas, al igual que la sociedad.

4. Abierta a las nuevas tecnologías
Capaz de posicionarse a la vanguardia, de detectar la tendencia y de aprovecharla en favor del bienestar de la plantilla. Por ejemplo, convirtiendo la Inteligencia Artificial en una aliada que proporcione mayores cotas de satisfacción profesional y flexibilidad a los y las trabajadoras. Porque dicha tecnología, si se introduce adecuadamente en la organización, puede elevar las capacidades de los equipos de trabajo y, con ello, sus resultados. Y puede, además, liberarles de tiempos de ejecución en responsabilidades tediosas y poco gratificantes para dejar mayor espacio a tareas con auténtico valor añadido y a tiempo de ocio. Porque, tal y como señalaron los asistentes, “el mayor reto de aquí a 10 años es conseguir que se siga hablando de personas, que no nos dejemos llevar por ciertas tendencias de mecanizar o de automatizar”.
5. Capaz de rodearse de managers emocionales
El manager es la persona que tiene el termómetro del equipo y que mejor conoce a cada uno de sus miembros. Todo profesional del wellbeing debería apoyarse en un grupo de managers capaz de contagiar de esa cultura del bienestar, que emana de la dirección empresarial, al resto de la plantilla. Y de saber escuchar lo que quieren los y las empleadas con el fin de mejorar para dárselo.
6. Valiente y adaptable
Capaz de no perder el discurso, de hacer cosas nuevas para seguir en el rumbo adecuado y de mantener lo que funciona. Valiente para defender aquellas cosas de las que está convencido e influir en el resto de la corporación para protegerlas.
7. Conector
Que sepa qué va a contar y cómo lo va a hacer para llegar a la plantilla, es decir, que sepa conectar emocionalmente a través de la comunicación y el liderazgo.. Capaz de diseñar y afrontar una estrategia de comunicación y de posicionamiento para conseguir que todas las personas estén alineadas con los valores y objetivos empresariales. Capaz de crear embajadores de la marca reales y no espontáneos, es decir, alejados del propósito de la compañía.






