Madrugar a las 5 a.m. se ha vuelto sinónimo de éxito, pero la biología dice otra cosa. Por qué respetar el cronotipo de cada persona es la nueva clave del bienestar y la productividad.
Madrugar se ha convertido, en muchos discursos sobre productividad, en símbolo de éxito. Levantarse a las 5 a.m., entrenar, meditar, leer… y empezar la jornada laboral parece haberse instalado como una fórmula casi infalible para “aprovechar mejor el día”. Sin embargo, cuando hablamos de bienestar, conviene hacerse una pregunta: ¿funciona esta rutina para todo el mundo?
La respuesta es no. Y no tiene que ver necesariamente con falta de disciplina, motivación o fuerza de voluntad, sino con biología. Cada persona tiene una tendencia natural a sentirse más activa, concentrada o somnolienta en determinados momentos del día. A esto se le conoce como cronotipo: una expresión de los ritmos circadianos relacionada con funciones como el sueño, la alimentación, el cortisol, la temperatura corporal y el rendimiento físico o cognitivo.
No todos tenemos el mismo reloj interno
El “Club de las 5 de la mañana” no es un concepto nuevo: proviene de un libro de 2018 del mismo nombre, escrito por el coach de liderazgo Robin Sharma. Los expertos coinciden en la idea de que no hay que dejarse llevar por este fenómeno, resaltando la importancia de conocer nuestro propio cronotipo.
Tradicionalmente, los cronotipos se han agrupado en tres grandes perfiles:
- Por un lado, están las personas de cronotipo matutino: suelen despertarse antes, sentirse más activas por la mañana y experimentar una bajada de energía más temprana al final del día.
-En el extremo opuesto se encuentran las personas de cronotipo vespertino: tienden a activarse más tarde, alcanzan su mayor rendimiento por la tarde o por la noche y pueden tener más dificultad para funcionar a primera hora.
-Entre ambos extremos está el cronotipo intermedio, el más frecuente, que no presenta una preferencia tan marcada y suele adaptarse con mayor facilidad a los horarios sociales convencionales.
La literatura científica también distingue perfiles moderados y extremos dentro de los cronotipos matutinos y vespertinos. Es decir, el cronotipo no funciona como una etiqueta cerrada, sino como un continuo: no somos simplemente “de mañana” o “de noche”, sino que cada persona se sitúa en un punto distinto de ese reloj interno.
Cuando la agenda va por un lado… y nuestra energía por otro
¿Por qué es importante tener estos conceptos en cuenta? La respuesta resulta evidente: imponer una rutina extremadamente madrugadora a una persona cuyo cuerpo funciona mejor por la tarde puede tener el efecto contrario al deseado. En lugar de aumentar la energía, puede generar cansancio acumulado, dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de no llegar a todo.
Esta “desalineación” entre el reloj interno y los horarios sociales se conoce como jet lag social: una especie de desfase entre lo que el cuerpo necesita y lo que la agenda exige.
Y, en el entorno laboral, este desajuste puede tener consecuencias importantes.
La evidencia científica apunta precisamente en esta dirección. Un estudio publicado en 2025 en Sleep Health concluyó que el cronotipo influye en la capacidad laboral y en la pérdida de productividad relacionada con la salud, especialmente en personas vespertinas, que pueden verse más afectadas cuando sus horarios entran en conflicto con su ritmo biológico. Los autores señalan que la flexibilidad horaria y los programas de salud del sueño pueden contribuir a mejorar el bienestar de los empleados.
También en sectores con turnos rotativos, como el sanitario, el cronotipo cobra especial relevancia. Una investigación publicada en 2025 en Chronobiology International*, centrada en personal de enfermería con turnos rotatorios, observó que las profesionales con cronotipo vespertino presentaban peor calidad subjetiva del sueño, menor duración total del descanso, mayor latencia de sueño y menor eficiencia del sueño que aquellas con cronotipo intermedio. Este tipo de estudios refuerza una idea cada vez más importante: los horarios no afectan a todas las personas de la misma manera.
Escuchar el cuerpo también es una forma de productividad
Por ello, comprender el propio cronotipo ayuda a adoptar mejores decisiones en el ámbito de la gestión empresarial:
- Organizar las tareas de mayor concentración en los momentos de más energía, cuidar las rutinas de descanso y ajustar, siempre que sea posible, la jornada a las necesidades reales del cuerpo.
- También invita a las organizaciones a avanzar hacia modelos más flexibles, donde el rendimiento no se mida por la hora de conexión, sino por la calidad del trabajo, la energía disponible y la sostenibilidad de los hábitos.
En definitiva, el “Club de las 5 a.m” puede funcionar para algunas personas, pero no debería convertirse en un ideal único de productividad. Cuidar el bienestar también implica escuchar el cuerpo, respetar los ritmos individuales y entender que no todos “brillamos” a la misma hora del día. Porque no se trata de ganarle horas al reloj, sino de aprender a vivir -y trabajar- en sintonía con él.
Fuente:* Yang H, Kim S, Yoo S-H, Kim J. Associations Among Chronotype, Sleep Quality, and Neurocognitive Function in Shift-Working Nurses During Consecutive Morning Shifts: A Cross-Sectional Study. Workplace Health & Safety. Publicado online el 15 de diciembre de 2025.





