Dicen que la alegría es contagiosa, pero ¿qué hay de la negatividad? Esta puede cernirse sobre el entorno laboral de manera sigilosa, sobrevolando el espacio de trabajo casi de forma imperceptible. Y una vez que logra colapsar todas las instalaciones, toda la oficina, genera el caldo de cultivo perfecto para el resentimiento, la apatía, la frustración, el estrés… En definitiva, para crear ese mal ambiente de trabajo que expulsa a los empleados y empleadas por muy elevada que sea la nómina que perciben.
¿Qué es la negatividad contagiosa?
Así, la negatividad contagiosa no es esa persona que tiene un mal día, esa actitud que aflora en los momentos críticos, sino un fenómeno sistémico capaz de echar por tierra los indicadores de productividad, innovación, creatividad, calidad, resiliencia, transformacionales o eficacia de toda una organización.Porque todo ellos necesitan de un ambiente de trabajo óptimo, donde la cooperación y el bienestar sean pilares fundamentales y compartidos por todos los miembros del equipo de trabajo.
La negatividad contagiosa puede poner en jaque el bienestar de una organización al completo.
El primer paso para detectar un elemento disonante en el seno empresarial, una brecha, un peligro que acecha es saber en qué consiste realmente.
La negatividad contagiosa se expande rápidamente, muy especialmente si emana de la alta dirección, recorriendo todas las capas de la empresa y filtrándose por todos los recovecos de las estructuras corporativas.
De hecho, esta negatividad contagiosa responde a la teoría del contagio emocional: un proceso psicológico por el que el estado emocional de una persona influye en el comportamiento de otra y que responde a las tres funciones principales de la emoción: adaptación, socialización y motivación*.
Existen individuos tóxicos, altamente capaces de contagiar su negatividad al resto del equipo de trabajo.
Por otra parte, explica PR Santos* que el contagio emocional “aparentemente forma parte de la empatía emocional (sentir o entender lo que siente otro), la ecpatía (como capacidad de ser afectado por el otro) y la simpatía (como inclinación a lo que siente el otro), a su vez todos relacionados con los procesos sociales de aprendizaje imitativo”.
Así, esta negatividad contagiosa estaría ligada a que los seres humanos tendemos a imitar expresiones, posturas, movimientos… de otras personas para converger emocionalmente. En el escenario del mercado laboral, esto podría significar que la queja constante o la actitud defensiva de un solo individuo pueden ser imitados por sus colegas de manera incluso inconsciente, dando lugar a un clima degradado por la suma de interacciones y actitudes negativas, que terminan por generalizarse y normalizarse.
¿Por qué parece invisible la negatividad contagiosa?
La negatividad no es fácil de detectar, es un riesgo invisible porque en muchas culturas corporativas, la queja se confunde con un altísimo nivel de estrés, inherente a la actividad profesional; e incluso a un alto compromiso o nivel de exigencia de ciertos perfiles profesionales.
Sin embargo, la negatividad contagiosa no es fruto de la sobrecarga de trabajo en momentos puntuales, sino por el esfuerzo constante que hacen muchos perfiles por abrirse camino en un ambiente hostil al que contribuyen muchas personas y una deficiente gestión del talento y del trabajo.
La repercusión de esta negatividad extendida es enorme. Puede desembocar en un proceso de désengagement o nuevo presentismo laboral: el empleado o empleada cumple el horario, e incluso por encima de su jornada laboral, pero no se implica, no está presente emocionalmente, solo queremos acabar e irse a casa. Un fenómeno más preocupante aún para las empresas que el absentismo, y del cual cada vez se habla más por su impacto en la organización.
Romper con la negatividad contagiosa desde RRHH
Como decíamos, la negatividad contagiosa crea una sensación de negatividad grupal: el equipo se enfoca más en evitar problemas o buscar culpables que en encontrar soluciones, iniciando así un ciclo de retroalimentación negativa. Así que, ¿cómo impedir que la negatividad traiga consigo un deterioro del ambiente de trabajo? Estas son algunas de las estrategias para mitigar su impacto:
- Los líderes deben ser conscientes de su huella emocional. De hecho, son los principales responsables de crear una atmósfera de trabajo emocionalmente positiva. El liderazgo humanista, de hecho, viene a suplir los vacíos que existían hasta ahora en este sentido, auspiciados por el liderazgo tradicional.
- Implementar auditorías regulares del clima social es un primer paso para frenar la negatividad en etapas incipientes. La observación de las dinámicas de trabajo, las reuniones grupales e individuales, las encuestas de satisfacción…, son herramientas positivas de detección de la negatividad.
- Diseñar una estrategia de bienestar donde tengan cabida las interacciones positivas. Las empresas deben fomentar activamente el reconocimiento y el refuerzo positivo para mejorar el ambiente de trabajo. También invertir en planes de compensación total y retribución flexible donde el salario emocional tenga un impacto positivo en el ambiente de la empresa.
En definitiva, la negatividad contagiosa es una amenaza silenciosa que amenaza la salud física y mental de los profesionales, y con ello, sus capacidades y bienestar personal, imprescindibles para la sostenibilidad empresarial. La clave pasa, así, por activar una estrategia de bienestar y convertir esta en un elemento esencial de cultura corporativa.
*Mariano Chóliz (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional www.uv.es/=choliz
Paul Ruiz Santos (2015): ¿Qué sabemos sobre el contagio emocional? Cuadernos de Neuropsicología, Panamerican Journal of Neuropshychology, Volumen 9. Número 3. Diciembre 2015. DOI: 10.7714/cnps/9.3.202






