El bienestar laboral siempre ha convivido con un ángulo ciego: la confianza. Confianza en que la persona que está de baja realmente lo necesita. Confianza en que las empresas no sospecharán sin motivo. Confianza en que los sistemas sanitarios y laborales funcionan como deben. Pero ese equilibrio se ha vuelto frágil.
España vive su mayor pico de absentismo de la historia reciente, superando el 7%, lo que equivale a más de 1,5 millones de personas que no acuden cada día a su puesto de trabajo, según el Informe de Absentismo Laboral de Randstad. En ese volumen, cualquier grieta se amplifica. Y el fraude —real, no imaginado— ha comenzado a ocupar titulares y a tensar una conversación que afecta directamente al bienestar en las organizaciones.
La sentencia del Tribunal Supremo conocida este mes ha puesto nombre y apellidos al problema: seis meses de prisión y más de 1.000 euros de multa para un trabajador que presentó un parte de baja falso por gastroenteritis para no ir a trabajar. Según recoge la resolución, el empleado creó un documento “con apariencia de parte oficial y con el fin único de engañar a la empresa”, lo que lo convirtió en un delito de falsedad en documento oficial.
No es un caso aislado. Y eso es precisamente lo que preocupa a quienes trabajan cada día en la salud laboral.
El fraude existe… y está aumentando
Los despachos especializados en derecho laboral comienzan a detectarlo con más claridad. Silvia Palacios, abogada de Selier Abogados, explica que “algunos de mis clientes están detectando un incremento significativo de casos en los que se presentan bajas laborales presuntamente falsificadas”. A esta preocupación se suma la de Enrique Ceca Gómez-Arevalillo, socio del área laboral de Ceca Magán, que reconoce que en su firma también han visto “dos casos recientes de falsificación de partes”.
Para Claudia Pérez, asociada senior de Bird & Bird Spain, el fenómeno adopta otras formas: “Sí tenemos casos clásicos de trabajadores utilizando las bajas laborales de forma fraudulenta y llevando a cabo actividades incompatibles con las mismas”. Rosario Romero, socia directora de RB Legal, describe situaciones similares y añade: “El índice de absentismo en España es elevadísimo, y es un tema que debe estudiarse en profundidad”.
El fraude no solo afecta a las bajas. Según Pérez, también han visto trabajadores que “falsean tickets de gastos, modificando fecha, concepto o cantidad”. Romero confirma la tendencia: “En la mayoría de los casos, estos asuntos terminan en despidos disciplinarios”.
Es decir, el problema es más amplio que una sola sentencia.
La inteligencia artificial abre una nueva puerta al fraude
Hay un elemento nuevo que antes no existía: la facilidad para manipular documentos y crear imágenes convincentes gracias a la IA generativa.
Claudia Pérez lo resume de forma rotunda: “Las facilidades que un uso inadecuado de la inteligencia artificial ofrece para refinar este tipo de conductas pueden tener un impacto en la cantidad de fraude, pero también lo hacen más difícil de detectar”.
Nunca había sido tan sencillo alterar una fecha, replicar un sello médico o generar un documento falso con calidad perfecta.
Nunca había sido tan accesible crear una plantilla idéntica a la de un organismo público.
Y nunca había sido tan urgente que los equipos de bienestar trabajasen también en el plano de la salud digital: ayudar a que las plantillas comprendan mejor los riesgos de suplantación, el robo de información y la falsificación de su identidad profesional. Porque el fraude no solo se comete contra la empresa. También se comete contra las personas.
Los empleados también sufren fraude… y afecta a su bienestar digital
La otra cara del problema —y la menos visible— es que los empleados están cada vez más expuestos a ataques digitales que usan IA para engañarles: suplantación de identidad, manipulación de voz, emails hiperrealistas, extracción automatizada de datos personales o médicos…
El Informe 2024 de la Agencia Española de Protección de Datos alerta del incremento de incidentes de suplantación digital y advierte de que los riesgos se multiplican cuando se manejan datos sensibles, como los relativos a salud.
Ya el Barómetro de Ciberseguridad de INCIBE 2023 apuntaba que el 32% de los trabajadores españoles ha sufrido intentos de phishing relacionados con su empresa y que el 12% ha detectado intentos de suplantación directa de su identidad profesional. Realidad que no deja de aumentar.
En paralelo, Fraude y bienestar empiezan a entrelazarse:
- Si un empleado teme que manipulen un documento suyo, su seguridad psicológica se resiente.
- Si desconfía de los canales digitales internos, se frena la comunicación.
- Si siente que debe demostrar constantemente su legitimidad, aumenta su estrés.
Este es el nuevo reto para los profesionales del bienestar: la salud emocional ya no se juega solo en la oficina; también en las bandejas de entrada, las apps corporativas y los canales de verificación digital.
Por qué el fraude rompe algo más que una norma
Los expertos coinciden en que las consecuencias de un fraude son graves y múltiples. Enrique Ceca lo expresa de forma tajante: “Claramente, podría ser sancionado por el empresario, pudiendo ser despedido disciplinariamente”. Claudia Pérez añade que también podría enfrentarse a “la devolución de salarios o prestaciones percibidas” y a una sanción administrativa muy grave, que puede oscilar entre 7.501 y 225.018 euros.
Pero en el ámbito del bienestar laboral hay otra consecuencia, silenciosa y más peligrosa: rompe el clima de confianza interna.
Cuando aparece un fraude:
- los equipos sienten sospecha,
- los mandos intermedios se ven forzados a controlar en exceso,
- las personas realmente enfermas sienten que deben justificarse más,
- y el departamento de bienestar pierde autoridad moral.
La sentencia del Supremo no solo fija doctrina: recuerda que la confianza institucional tiene un límite.
Rigor, prevención y cultura digital segura
Para los profesionales del bienestar laboral, este escenario exige un enfoque nuevo que combine prevención, acompañamiento y tecnología.
1) Reforzar la educación en bienestar digital
Los empleados deben saber:
- cómo verificar documentos oficiales,
- cómo evitar caer en engaños digitales,
- cómo proteger su identidad profesional,
- y cómo denunciar intentos de suplantación o manipulación.
2) Implantar sistemas de verificación robustos
La Administración está avanzando en la digitalización segura de partes médicos, y las empresas pueden:
- automatizar verificaciones,
- utilizar herramientas certificadas,
- y reducir el uso de documentos susceptibles de manipulación.
3) No criminalizar todo el absentismo
El 7% de absentismo no significa 7% de fraude. Los expertos insisten en que los casos son minoritarios. El mensaje, para un entorno saludable, debe ser claro: “perseguir el fraude no implica perseguir la enfermedad”.
4) Cuidar el clima emocional
Cuando una organización comunica un caso de fraude sin sensibilidad, puede generar:
- miedo,
- estigma,
- desconfianza hacia quienes están de baja por salud mental o cronicidades.
Es responsabilidad de los equipos de bienestar narrar estas situaciones desde el rigor y no desde el sensacionalismo.
5) Proteger especialmente los datos de salud
Los datos médicos son los más sensibles según el RGPD. Las empresas deben extremar la confidencialidad, limitar accesos y trabajar con proveedores que garanticen cifrado y trazabilidad.
Un nuevo equilibrio: salud, tecnología y confianza
La llegada de la IA generativa no ha inventado el fraude, pero sí ha cambiado su escala y su velocidad. La sentencia del Tribunal Supremo es solo un síntoma de una conversación que apenas comienza.
Para los profesionales del bienestar laboral, este no es un debate jurídico, sino humano:
¿Cómo sostener la confianza cuando la tecnología permite simular casi cualquier cosa?
¿Cómo proteger la salud mental de quienes sufren ataques digitales o suplantaciones?
¿Cómo evitar que unos pocos casos empañen el derecho legítimo a la baja por enfermedad?
No olvidemos, el bienestar laboral siempre empieza en el mismo lugar: una relación de confianza tan sólida que ni la IA pueda fracturarla.




