Una oficina saludable no es solo la que cuida la luz, la ergonomía o la temperatura. También la que permite concentrarse, hablar con privacidad y encontrar silencio cuando la jornada lo exige.
Por José Maria Perdigão, General Manager de Offcoustic | Hay días en los que una oficina no parece especialmente ruidosa y, aun así, cuesta concentrarse. Una videollamada cerca, una conversación que se alarga, un teléfono que suena, alguien que busca una sala libre. En medio de todo eso, encontrar unos minutos de silencio puede marcar una diferencia mucho mayor de la que parece.
No hablamos de convertir las oficinas en bibliotecas ni de eliminar la conversación, las reuniones o la vida propia de un espacio de trabajo. Hablamos de que el silencio tenga también su lugar dentro de la jornada y de que las personas puedan encontrar, cuando lo necesitan, un espacio en el que concentrarse, mantener una llamada con privacidad o trabajar durante un rato sin tener que competir constantemente con todo lo que ocurre alrededor.
Las oficinas de hoy concentran muchos usos a la vez
En un mismo espacio conviven reuniones presenciales, videollamadas, conversaciones improvisadas, llamadas con clientes y tareas que requieren atención sostenida. Esa mezcla forma parte de la manera actual de trabajar, pero también obliga a pensar mejor cómo distribuimos los espacios y qué opciones ofrecemos a quienes los utilizan.
La escena es fácil de reconocer. Una persona intenta terminar una propuesta mientras a pocos metros alguien mantiene una videollamada. Otro compañero necesita hablar con un cliente sobre un asunto confidencial y no encuentra una sala disponible. Alguien más termina recurriendo a los auriculares para poder concentrarse. Ninguna de estas situaciones parece especialmente grave por separado, pero repetidas todos los días terminan teniendo un impacto claro en la experiencia de trabajo.
Y ahí el silencio deja de ser una cuestión de comodidad para convertirse en una condición que influye en cómo trabajamos.
La concentración necesita cierta continuidad. Cuando esa continuidad se rompe una y otra vez, cuesta más avanzar en tareas complejas, aumenta la sensación de fatiga y se hace más difícil mantener la atención durante periodos prolongados.
La privacidad es otra parte importante de esta conversación
No todas las llamadas profesionales deberían escucharse desde la mesa de al lado y tampoco parece razonable que alguien tenga que salir al pasillo para atender una conversación personal. Poder disponer durante unos minutos de un espacio propio también forma parte de sentirse cómodo en el entorno laboral.
Esto cobra todavía más importancia en un momento en el que muchas empresas están revisando cómo quieren que sean sus oficinas. La presencialidad está ganando peso en numerosas organizaciones, aunque sea solo determinados días a la semana, y eso hace que vuelvan a coincidir más personas y más actividades en un mismo espacio. Al mismo tiempo, las videollamadas y las reuniones híbridas se han incorporado definitivamente al día a día.
Por eso, repensar la oficina no debería significar únicamente decidir cuántas mesas necesitamos o cómo distribuimos las zonas comunes. También implica preguntarnos si existen suficientes espacios para los distintos momentos de una jornada. Hay momentos para colaborar y otros para concentrarse. Hay conversaciones que pueden mantenerse en abierto y otras que necesitan privacidad.
Una oficina que funciona bien es aquella capaz de responder a todos esos usos sin obligar a las personas a improvisar constantemente.
Adaptar estos espacios no siempre implica acometer una gran reforma
Cada vez existen más soluciones flexibles que permiten incorporar espacios de privacidad y concentración dentro de oficinas ya en funcionamiento, ajustándolos a medida que cambian los equipos y sus necesidades.
El bienestar laboral también se construye desde ahí. Desde la posibilidad de elegir dónde trabajar en función de la tarea, de poder cerrar una puerta durante media hora cuando necesitamos concentrarnos o de mantener una conversación sin sentir que toda la oficina participa en ella.
Las empresas han avanzado mucho en la forma de cuidar a sus equipos. Quizá el siguiente paso sea prestar más atención a aquello que, precisamente por cotidiano, hemos normalizado demasiado.
Porque una oficina saludable no es solo la que cuida la luz, la ergonomía o la temperatura. También es la que permite trabajar con concentración, hablar con privacidad y encontrar silencio cuando hace falta.





