Cuando el calor aprieta, el descanso se resiente. En plena temporada estival, los profesionales del bienestar laboral afrontan un reto que impacta directamente en el rendimiento, la salud emocional y la productividad de los equipos: el déficit de sueño. Y es que, en verano dormimos peor y menos. Lo dicen los datos, lo confirman los expertos y lo sienten los trabajadores.
El calor, enemigo del descanso
Según la Sociedad Española del Sueño (SES), el 80% de la población experimenta dificultades para dormir durante las olas de calor. El motivo es fisiológico: “Cuando llega la noche, tu temperatura corporal baja para inducir el sueño. Pero si el ambiente está muy cálido, te cuesta dormir”, explican el Dr. José Abellán, conocido cardiólogo en redes sociales, y el Dr. José Manuel Felices Farias, en un reciente post conjunto en Instagram.
El cuerpo humano necesita reducir entre 0,5ºC y 1ºC su temperatura interna para iniciar y mantener el sueño. Pero en noches tropicales (aquellas en las que no se baja de los 20°C), este descenso se dificulta, provocando despertares frecuentes, sueño fragmentado y falta de descanso reparador.
Dormir mal no solo mina el bienestar personal, también afecta al entorno profesional. Según un estudio de Rand Europe y la Universidad de Cambridge, las empresas pierden hasta 2.280 euros al año por trabajador por problemas asociados a la falta de sueño, como bajo rendimiento, absentismo, irritabilidad o mayor riesgo de accidentes.
Además, la Fundación Española del Corazón recuerda que la privación de sueño incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, obesidad y deterioro cognitivo, todos ellos factores que afectan a largo plazo la sostenibilidad del bienestar laboral.
Soluciones prácticas (y científicamente efectivas)
¿Cómo pueden los profesionales del bienestar ayudar a sus equipos a dormir mejor en verano? Más allá del aire acondicionado (no siempre disponible ni recomendable), existen trucos sencillos y avalados por la ciencia. Aquí van algunos de los más útiles:
1. Agua fría en puntos clave
Los doctores Abellán y Felices recomiendan mojar con agua fría zonas como el cuello, las muñecas, las ingles o los tobillos antes de dormir. Son áreas con alta irrigación sanguínea: enfriarlas ayuda a reducir la temperatura corporal de forma rápida y natural.
2. Calcetines congelados
Sí, suena radical. Pero funciona. “Mójalos, mételos en el congelador y colócalos sobre los tobillos al dormir. Enfrías la sangre y el cuerpo entero baja de temperatura”, señala el Dr. Abellán. Este método, además de efectivo, es accesible y sin coste.
3. Evitar cenas copiosas y cenas tarde
El Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBEROBN) alerta de que una cena abundante o muy tardía afecta a la calidad del sueño. Lo recomendable es cenar ligero, con al menos dos horas de margen antes de irse a la cama.
4. Apagar pantallas al menos 1 hora antes
La luz azul de móviles, tabletas y portátiles altera la secreción de melatonina, la hormona que regula el sueño. La Asociación Española de Pediatría recomienda establecer rutinas tecnológicas saludables también en la vida adulta.
5. Ventilación natural y ropa adecuada
Dormir con ropa holgada, de algodón, y permitir la circulación de aire fresco son claves básicas. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), una buena ventilación nocturna también mejora la calidad del aire interior y reduce el estrés térmico.
Bienestar organizacional: dormir también es cultura
En palabras del psicólogo organizacional Joaquín Mateu Mollá, “dormir bien no es solo una cuestión personal, también lo es organizacional. Las empresas deben tomar conciencia de que el sueño es una palanca de salud, motivación y eficiencia”.
Por eso, incluir el sueño en los programas de bienestar corporativo es una práctica creciente en compañías que cuidan de su talento. Algunas ya ofrecen talleres de higiene del sueño, campañas informativas o incluso espacios de siesta breve para recuperar energía.
El descanso es uno de los pilares del bienestar integral. En verano, el reto se multiplica, pero también lo hacen las oportunidades de educar, sensibilizar y transformar hábitos. Porque dormir bien no es un lujo, es una necesidad. Y ayudar a los equipos a lograrlo, incluso en las noches más calurosas, es también una forma de liderar con empatía.






