Nuestro cerebro no está hecho para convivir con el estrés, al menos no en la intensidad y frecuencia en la que lo experimentamos en nuestra vida cotidiana. Es una reacción que ponemos en marcha para sobrevivir a situaciones extraordinarias.
Las personas hemos aprendido a generar y controlar el estrés a voluntad para utilizarlo a nuestro favor. No obstante, tiene otros efectos en el organismo que pueden pasar factura a corto y medio plazo. Una de las primeras órdenes que se envía al cerebro es la de modificar la función de las glándulas suprarrenales a través de dos hormonas: el cortisol y la adrenalina. Esta respuesta, activa los sistemas necesarios para afrontar una situación de peligro, pero a su vez, también inhibe otros.
Por ello cuando sentimos estrés, nuestro metabolismo tiene más dificultades para deshacerse de la grasa acumulada y el sistema inmunitario reduce su nivel de activación haciéndonos más vulnerables a todo tipo de enfermedades. Esto es lo que sucede:
ESTRÉS Y RENDIMIENTO
Existe una gran cantidad de datos científicos que indican que, cuando experimentamos estrés, nuestra capacidad para razonar y resolver problemas se empobrece, nos volvemos menos imaginativos y creativos, y tendemos a correr riesgos innecesarios llegando a soluciones menos eficaces.
ESTRÉS Y NUESTRA FORMA DE SER
Un estudio de la Universidad de Princeton demostró que nuestra forma de ser puede verse ensombrecida por un mínimo grado de estrés. En esta investigación, unos estudiantes tenían que entregar un trabajo que habían elaborado previamente a un profesor que se encontraba en la otra punta del campus. A la mitad de los alumnos se les pidió que lo entregaran en menos de 5 minutos mientras que a la otra mitad no se les puso tiempo. En medio del recorrido se situó a una persona con un mapa que pedía a los alumnos que le ayudaran a llegar a un lugar. El 70% de los alumnos que no estaban sometidos al estrés de llegar en un tiempo determinado ayudaron al desconocido, mientras que solo un 10% de los alumnos estresados pararon a darle indicaciones.
ESTRÉS Y ENFERMEDADES CEREBRALES
El estrés mantenido a medio plazo puede tener efectos negativos en nuestro estado emocional, ya que la segregación de cortisol inhibe la creación de otros neurotransmisores esenciales para un buen estado de ánimo como son la serotonina y la dopamina. Además, está relacionado con el sobrepeso, la hipertensión arterial y el colesterol, factores que aumentan el riesgo de sufrir un ictus o un infarto cerebral.
Recientes estudios han ligado el estrés con un mayor ritmo de oxidación cerebral, lo que produce que el cerebro de la persona estresada envejezca antes y adquiera un mayor riesgo de aparición de la enfermedad de Alzheimer.
ESTRÉS Y DEPORTE
Una buena sesión de ejercicio puede contrarrestar los efectos de un día de estrés gracias a la segregación de endorfinas. Sin embargo, puede ser un arma de doble filo pues hay deportistas que pueden experimentar altos niveles de estrés relacionado con los resultados. Asimismo, las sesiones muy extensas de ejercicio pueden desgastar la reserva de serotonina.
¡Pon en marcha las siguientes ESTRATEGIAS ANTIESTRÉS!
Para aquellos a los que realmente les resulte imposible reducir el ritmo, existen una serie de estrategias que pueden ayudar a contrarrestar los efectos del estrés en su cerebro:
Sueño: cuando dormimos, nuestro cerebro reduce su temperatura en casi un grado y se activan los mecanismos de reparación neuronal que entre otras cosas se encargan de eliminar las toxinas acumuladas como consecuencia del estrés.
Alimentación neurosaludable: una dieta mediterránea puede contribuir a reducir el efecto del estrés sobre el cerebro. Además, comer de una forma calmada y acompañados también ayuda.
Meditación: una sesión de meditación, yoga o taichí, pueden activar una respuesta fisiológica contraria a la producida por el estrés revirtiendo los efectos de éste.
Desconexión digital: apagar el móvil una hora antes de acostarse, dormir en una habitación sin dispositivos electrónicos o tener un día a la semana libre de tecnología nos ayudará a estar más calmados y a pasar un rato placentero.
El mundo SLOW
En 1986 el italiano Carlo Petrini creó la organización Slow Food que se extiende por todo el mundo y se ha ido convirtiendo en un movimiento cultural. De hecho, hoy en día existen todo tipo de iniciativas desde el mundo slow, dirigidas a crear un mundo más lento. ¡Únete al movimiento!




