La salud mental en la industria musical es un laboratorio extremo para los profesionales del bienestar laboral: vocación, exposición y autoexigencia. Rosana Corbacho y +Músicas Lab abren una conversación con lecciones para la empresa.
Sandra Delaporte hizo las cuentas antes de hacer las maletas. Ahorró lo justo para sostenerse un año sin actuar y se instaló en un pueblo del Pirineo aragonés. Atrás quedaban diez años de discos y giras, además de depresión, ansiedad y unos nódulos que amenazaban la herramienta con la que se gana la vida. Su diagnóstico, recogido por Público, cabe en una línea: «La industria musical devora a seres humanos». Lo dice alguien que, pese a todo, sigue queriendo hacer música.
Como ella, la lista de pausas ha ido engordando temporada a temporada. El País repasaba el pasado año los parones de Rozalén, que habló de agotamiento emocional, de Ca7riel y Paco Amoroso en plena explosión internacional, y los anunciados para 2026 por Dani Fernández o Mikel Izal. La cantante Julia Medina resumía el clima así: «Me extraña que no abandone más gente».
Si trabajas en bienestar laboral, conoces este paisaje aunque tu empresa no tenga escenarios. Un oficio que no se vive como empleo, sino como identidad. Un rendimiento que se mide en tiempo real. Y una sospecha permanente de que detenerse equivale a desaparecer. Sanidad, consultoría, tecnología, emprendimiento o alta dirección comparten esa partitura con la música. Ella simplemente la toca más fuerte, y por eso se oye mejor.
El látigo cambió de manos
Rosana Corbacho conoce ese paisaje desde dentro. Antes de pasar consulta trabajó en discográficas británicas y en una agencia de contratación española, y hoy atiende desde M.I. Therapy a músicos y profesionales del sector, además de impartir talleres en compañías y festivales como Spotify, Live Nation o Primavera Sound. Según explicaba a Público, el desplome de la venta de discos desplazó la economía hacia el directo y cargó sobre los artistas tareas que antes repartían otros: promoción, publicidad, contenido constante. Con ellas llegó un mito, el de la gran oportunidad que lo resolverá todo, y la psicóloga lo desmonta en dos palabras: «Nunca es suficiente».
Bertelsmann de Madrid la conferencia “Equilibrio y salud mental para la industria
musical”, una jornada abierta para abordar los desafíos emocionales a los que se
enfrentan artistas y profesionales del sector.
En declaraciones a El País, el exdirectivo de Universal Domingo García contaba que algunos músicos se hunden cuando pierden cinco seguidores, y Corbacho aconseja a sus pacientes no llevar el móvil al estudio. Cambia seguidores por el cuadro de mando de productividad o el ranking comercial del mes y entenderás por qué el taller de mindfulness de los jueves se queda corto.
Byung-Chul Han bautizó esta época como la sociedad del cansancio, un tiempo en el que el sujeto arrebata el látigo al amo para azotarse a sí mismo, convencido de que explotarse es realizarse. Tiene lógica, por tanto, que +Músicas coloque la autoexigencia en el primer puesto de su lista de riesgos, por delante de las redes, las giras o la precariedad.
Solemos diseñar programas para amortiguar la presión que llega de fuera. Con frecuencia, la más dañina se fabrica dentro.
Del catálogo de beneficios al equipo de cuidado
En este sentido, la receta de Corbacho tiene poco de mística y dos pilares. El primero, un equipo capaz de mirar más allá del producto y ocuparse de la persona, más parecido al cuerpo técnico de un deportista de élite que a una oficina comercial. El segundo, aprender a conocer, expresar y mantener límites, también ante uno mismo: cuidar el cuerpo, preservar una vida más allá del trabajo y concederse tiempo de recuperación tras cada esfuerzo intenso. Llevado a la empresa, el modelo pide que la función de bienestar deje de ser un escaparate de ventajas y se comporte como ese cuerpo técnico, coordinando salud laboral, personas y mandos intermedios.
Nada de eso funciona sin confianza. Cuando el cansancio se vive como un fallo, casi nadie lo confiesa a su responsable. Sin ese clima, cualquier encuesta de bienestar mide únicamente la salud de quienes se atreven a hablar.
Franchejo Blázquez, mánager de Dani Fernández, apuntaba otra clave: «Tenemos que acostumbrar al público a que los eche de menos». Muchas organizaciones siguen premiando la omnipresencia, el correo a medianoche y la respuesta inmediata. En Mi Empresa es Saludable lo ilustrábamos con el caso reciente de Morrissey, que el pasado marzo suspendió su concierto en Valencia tras una noche en vela por el ruido de las Fallas. El cantante pudo cancelar; la mayoría de los trabajadores, no. Acuden igualmente, con la atención mermada y la paciencia en carne viva, y el presentismo hace el resto. Proteger el sueño y planificar la desconexión forma parte del trabajo de quien construye una cultura del descanso. Corbacho, de hecho, cierra siempre su lista con lo que parece obvio: dormir bien.
Sacar la conversación del camerino
Eso es exactamente lo que pretende la cita del 28 de septiembre en el Espacio Bertelsmann de Madrid. +Músicas Lab · Heart & Soul, con el apoyo de Spotify EQUAL, AGEDI y el INAEM, abre a toda la industria la conferencia «Equilibrio y salud mental para la industria musical». En ella, Corbacho abordará desde una mirada clínica y humanista los factores de riesgo de la profesión y ofrecerá herramientas para transformar dinámicas nocivas en la persona y en los equipos. Llega después de las sesiones íntimas que ella misma guió en abril, donde artistas como Bely Basarte, Sara Socas o Ganges compartieron ansiedad escénica, burnout y soledad profesional, con especial atención a mujeres y disidencias. La secuencia merece apuntarse: escuchar primero en pequeño y abrir después. «Cuidar a las personas que crean, producen y hacen posible la música es también una forma de cuidar el futuro de la música», defiende Arantza M. Huarte, presidenta de +Músicas España.
La propia Corbacho insiste en un antídoto menos vistoso: tener vínculos con personas que te quieran por lo que eres y no por lo que produces. Para quien diseña bienestar, el ejercicio consiste en preguntarse cuántas personas de la plantilla cuentan con alguien así, dentro o fuera del trabajo. Y, ya puestos, si tú lo tienes.
En las partituras, los silencios se escriben con la misma tinta que las notas, tienen duración exacta y a nadie se le ocurre considerarlos un fallo del compositor. Quizá el calendario de tu organización merezca la misma notación.




