Lo que nuestro cuerpo ingiere tiene relación con lo que sentimos, con lo que experimentamos, con lo que pensamos y con cómo nos relacionamos. Ese eje intestino-cerebro, que ponen de relieve numerosos estudios científicos y del que ya toman nota muchas organizaciones, demuestra que la prevención empieza en el intestino.
El peso de la microbiótica en la salud emocional
“Nuestro intestino tiene el mismo número de neuronas que nuestra médula espinal, prácticamente es nuestro segundo cerebro”, señalaba durante la gala de los Premios MEES Mariona Serra Pagés, doctora en farmacología y directora de GoodGut, empresa pionera en soluciones innovadoras para la salud digestiva, quien explicó el peso que tiene la microbiota intestinal en el desarrollo de funciones esenciales a nivel inmunológico, endocrino, neurológico…, como por ejemplo la producción de neurotransmisores tipo la serotonina, con un impacto directo en el estado emocional y en la salud mental.
Para Serra, estas evidencias abren una nueva puerta a trabajar el bienestar emocional a través de la salud digestiva, y ponen de relieve la necesidad de conocer el estado de la microbiota intestinal para evaluar el estado de las personas. “Desde GoodGut, trabajamos para que la salud digestiva sea la puerta de entrada para abordar el bienestar global, por eso hemos hecho un plan de promoción de la salud digestiva especializado en el entorno laboral”, explicaba Serra durante su intervención.
“La salud digestiva es una forma preventiva y personalizada que tienen las empresas de intervenir en la mejora del bienestar de sus equipos”, Serra.
¿Cómo convertir la salud digestiva en un activo del bienestar organizacional?
Este plan consta de una serie de cuestionarios y test no invasivos que permiten conocer el estado de la microbiota intestinal e identificar si existen desequilibrios en la misma aunque no haya síntomas evidentes en la persona. “Hay unas pautas personalizadas que hacen mejorar esta salud digestiva y con ello mejora el estado de ánimo, el descanso, la motivación… Al final es una forma preventiva y personalizada que tienen las empresas de intervenir en la mejora del bienestar de sus equipos y promover un entorno laboral más saludable y más equilibrado emocionalmente”, señalaba Serra.
Los cambios en la microbiota favorecen de una forma directa los cambios emocionales o que tienen que ver con la salud mental. Es decir, la salud digestiva es un elemento vital de cara a preservar el bienestar integral de una persona. De hecho, es uno de los elementos con mayor proyección de futuro en la mejora de los hábitos de cuidado y de salud de trabajadores y trabajadoras. Pero ¿cómo implantar este enfoque dentro de la empresa?, ¿cómo convertir la salud digestiva en un activo del bienestar organizacional?
En palabras de Serra, para fomentar el cuidado de esa salud nutricional, basada en la alimentación, y salud digestiva, resulta clave apostar por la educación y por la personalización: “Divulgar primero la importancia de esta microbiota intestinal e implementar después recomendaciones dietéticas tomando como punto de partida el estado de cada persona”, recomendaba esta experta.






