El agua también entra en la agenda del bienestar

por Florencia Medeot | Oct 7, 2026

Salud, bienestar y reducción del plástico impulsan nuevas formas de hidratarse en el trabajo.

En los últimos años, el acceso al agua en el entorno laboral ha dejado de plantearse únicamente como una cuestión de infraestructura básica. La forma en la que las organizaciones ofrecen agua a sus equipos empieza a relacionarse también con conceptos como bienestar, experiencia del empleado, sostenibilidad y hábitos saludables. 

Más allá de tener agua disponible 

La hidratación es una necesidad básica, pero las empresas están incorporando una mirada más amplia sobre cómo facilitarla durante la jornada laboral. Tener agua fácilmente accesible, en buenas condiciones y con un sabor agradable puede contribuir a que beber agua resulte una opción más sencilla dentro de la rutina diaria.  

En este sentido, no es lo mismo disponer de agua únicamente en el baño o en la cocina de la oficina que contar con puntos de hidratación distribuidos por los pasillos y las zonas comunes, donde los empleados puedan acceder de forma cómoda e inmediata a agua de calidad, fría, a temperatura ambiente o incluso con gas. Este tipo de soluciones acercan el consumo de agua al día a día de las personas y favorecen que la hidratación forme parte de sus hábitos cotidianos en el entorno laboral. 

En este contexto, las soluciones de filtración permiten actuar sobre algunas de las características del agua que llega a través de la red. Dependiendo de la tecnología utilizada, pueden reducir determinados componentes, mejorar el sabor y el olor o actuar sobre elementos como el cloro y algunos metales, siempre dentro de las características y necesidades de cada instalación. 

Entre las soluciones disponibles que la tecnología ha permitido, se encuentran sistemas como Firewall® UVC de Culligan, una tecnología de purificación que, según la compañía, elimina hasta el 99,9999% de las bacterias y virus transmitidos por el agua. A esto se suma BioCote®, una tecnología antimicrobiana aplicada a las superficies de determinados dispensadores para inhibir microorganismos responsables de olores y manchas, como bacterias y moho. 

“Cuando beber agua deja de ser un gesto cotidiano para convertirse en una experiencia, cuando en un mismo lugar puedes disfrutar de agua fría, agua caliente para preparar un té o agua con gas, ese gesto sencillo adquiere un valor diferencial para las personas. Porque, al final, es solo agua, hasta que es Culligan”, explica Hugo Faria, director de Marketing de Culligan Iberia. 

Pero el interés por mejorar la experiencia de consumo no se explica únicamente desde la salud o el bienestar. Hay otro factor que está ganando peso en las decisiones de las compañías: el impacto ambiental asociado a la forma en la que se consume agua. 

La sostenibilidad también se bebe 

El debate sobre el plástico de un solo uso ha alcanzado prácticamente todos los ámbitos de la actividad empresarial. Y el agua no es una excepción. Según los datos recogidos por Culligan, cada minuto se consumen en el mundo alrededor de un millón de botellas de agua de plástico de un solo uso, una cifra que ayuda a dimensionar el impacto acumulado de un hábito cotidiano. 

Para las empresas, esto abre la puerta a replantear modelos de consumo que durante años se han dado por hechos. En lugar de recurrir sistemáticamente a botellas individuales, existen alternativas basadas en el acceso al agua de la red mediante sistemas de filtración o en modelos de dispensación con envases reutilizables. Es precisamente en este punto donde convergen dos de las tendencias que están transformando los espacios de trabajo: la búsqueda de mejores condiciones de bienestar para las personas y la necesidad de reducir el impacto ambiental de las organizaciones. 

Culligan ofrece, por ejemplo, dispensadores conectados a la red con tecnología de filtración y soluciones de agua mineral natural en botellones reutilizables para empresas y otros espacios profesionales. Según las estimaciones de la compañía, sus soluciones contribuyen a evitar el uso de aproximadamente 45.000 millones de botellas de plástico de un solo uso al año a nivel mundial, lo que equivaldría a cerca de 700 millones de kilogramos de plástico y más de 6.000 millones de kilogramos de emisiones de CO₂. 

Más allá de las cifras globales, la tendencia plantea una cuestión más cercana a la gestión cotidiana: qué decisiones pueden tomar las compañías para hacer más sostenibles sus operaciones sin renunciar a la comodidad de sus equipos. 

La respuesta no pasa necesariamente por grandes transformaciones. También puede estar en revisar elementos tan cotidianos como el agua disponible en una oficina, un hotel o un espacio de restauración. Hoy, la accesibilidad, la calidad percibida, la higiene del sistema, el mantenimiento, el consumo energético o la reducción de residuos forman parte de una misma ecuación. 

De hecho, algunas herramientas permiten incluso trasladar ese impacto a datos concretos. Culligan cuenta con una calculadora de impacto ambiental que permite a sus clientes estimar cómo determinadas decisiones relacionadas con el consumo de agua pueden traducirse en una reducción del uso de plástico y de las emisiones asociadas. 

El cambio, por tanto, está en analizar qué experiencia queremos ofrecer cuando esa agua llega a las personas y qué impacto tiene el modelo elegido para hacerlo. 

Florencia Medeot
Florencia Medeot
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