Rosabeth Moss Kanter, profesora de Harvard y experta en liderazgo y cambio organizativo, ha repetido en varias ocasiones que el verdadero progreso no estriba en obtener resultados primero y preocuparse después por las personas, sino en colocar el bienestar en la base: “el bienestar precede al éxito, no al revés”.
Esa idea, que podría parecer idealista, está cada vez más respaldada por datos empíricos: las organizaciones que cuidan a sus empleados no solo mejoran su salud emocional, sino también su productividad, fidelización y capacidad de innovación.
Evidencia científica: bienestar como motor de rendimiento
Un reciente estudio llevado a cabo en el sector bancario en España por Medina-Garrido, Biedma-Ferrer y Ramos-Rodríguez (2023) confirma que las políticas de conciliación laboral (flexibilidad horaria, ubicación flexible, permisos largos) no están directamente correlacionadas con el rendimiento del trabajo, pero sí lo están de modo indirecto, mediadas por el bienestar del empleado. Es decir, esas políticas funcionan, pero solo si generan bienestar real.
Este hallazgo coincide con el informe Well-Being at Work: U.S. Research Report 2024 de la Johns Hopkins Carey Business School, que señala que las empresas exitosas no se centran simplemente en ofrecer perks o beneficios visibles, sino en fomentar una cultura laboral en la que los trabajadores se sientan reconocidos, conectados y apoyados. Según ese informe, el bienestar no es solo aspecto de salud: es factor determinante de lo que muchas organizaciones consideran “productividad”.
Por su parte, la investigación publicada en PMC (National Institutes of Health) muestra que la salud mental del trabajador influye positivamente en el desempeño laboral, especialmente cuando también está mediada por engagement (compromiso) e innovación. Cuando las personas están más equilibradas emocionalmente, participan más, proponen ideas nuevas y cometen menos errores.
De la teoría a la práctica: qué implicaciones tiene para profesionales de bienestar laboral
Teniendo en cuenta que el bienestar es un catalizador del éxito, estos son algunos principios y estrategias acreditadas que deberían considerarse esenciales:
- Priorizar la accesibilidad real de políticas de bienestar
No vale solo tener políticas de conciliación o apoyo familiar; debe asegurarse que los empleados conozcan que existen, puedan hacer uso de ellas sin miedo a represalias, y que su aplicación sea coherente en el día a día. - Medir y monitorizar el bienestar emocional
Utilizar herramientas que evalúen salud mental, niveles de estrés, satisfacción con el balance vida-trabajo y compromiso. Estas métricas permiten ver temprano los síntomas de desgaste antes de que afecten los resultados operativos. - Liderazgo presente que dé ejemplo
Líderes que no solo declaran valores de bienestar, sino que los practican (horarios razonables, reconocimiento frecuente, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace). Según investigaciones de EE.UU. y España, la percepción del empleado respecto a si los líderes “viven el bienestar” marca diferencias sustanciales en su compromiso. - Cultura organizativa centrada en la conexión y el reconocimiento
Generar espacios de feedback real, de reconocimiento —no solo premios emblemáticos, sino gestos diarios—. Sentirse valorado reduce rotación, aumenta el “go extra mile” (ese plus que solo dan los que sienten que importan). El informe de Gallup sobre bienestar lo deja claro: entre los beneficios de bienestar se cuenta que los empleados ausentan menos días de trabajo y muestran mayor eficiencia. - Integración de bienestar y estrategia de negocio
No se trata de iniciativas aisladas de bienestar, sino de integrar esas prácticas en la estrategia de gestión de personas: inclinar los objetivos, los KPIs, los presupuestos y la formación hacia un modelo en que bienestar y resultados se retroalimenten.
Lo que plantea este enfoque para el futuro del bienestar laboral en España
Adoptar la premisa de que el bienestar precede al éxito implica transformar algunas estructuras antiguas: retribución, valoración del liderazgo, métricas de productividad. Pero los indicios son claros de que no hacerlo tiene un coste creciente: ausentismo, rotación, burnout costoso, pérdida de talento, reputación.
Y es que las Empresas saludables son aquellas que cuidan antes de pedir resultados, que invierten en el suelo, en la atmósfera que rodea a las personas, no solo en los frutos visibles. Y cuando ese suelo está fértil, los frutos llegan más fuertes, más duraderos y con mayor sentido.






